Revista El Bondi - 15 AÑOS DE ROCK
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Black Sabbath

La última misa negra

Cronista: Fernando Canales | Fotos: Alan Guex

27 de Noviembre, 2016

La última misa negra

En el marco del The End Tour, la mítica banda británica liderada por Ozzy Osbourne se despidió para siempre de Argentina con un show contundente lleno de clásicos. Una celebración merecida para todos los metaleros.

Existen pocas bandas en la historia de la música –quizás Los Beatles- que hayan sido capaces de crear un género por sí mismas y que hayan tenido tanta influencia en las generaciones siguientes, como lo hizo Black Sabbath. Porque sin Black Sabbath, no existiría el Doom, el Stoner, el Thrash, el Death, el Black, en fin, el Heavy Metal. Estos maestros (de la realidad) sobrevivieron a peleas, drogas, separaciones; hasta Tony Iommi supo vencer al cáncer -y a un accidente cuando trabajaba como metalúrgico que casi lo deja sin dedos-, y que lo obligó a usar apósitos. 

Es por eso que la despedida de los creadores, de los padrinos del metal, con ¾ de su formación original -todavía sigue siendo cruel la ausencia del baterista Bill Ward- se convierte en un torbellino de emociones, de nostalgia y de agradecimiento eterno. Después de mil reencarnaciones con distintos miembros, la historia viva está de nuevo frente a nosotros.

El estadio de Vélez con gran asistencia, les sirvió a Sabbath como altar para su última misa negra. El campanario de la iglesia y la lluvia de la intro de “Black Sabbath” retumbaba en la plateas y la gente deliraba, con la misteriosa historia que aterró a miles de chicos de 15 años, junto al riff denso y lúgubre basado en las notas del intervalo del demonio, que el innovador violero Tony Iommi se animó usar. El rock setentoso de "Fairies Wear Boots" se hizo presente con Ozzy Osbourne contando su experiencia con las hadas con botas. "El Príncipe de las tinieblas", estuvo fino, cantó todos los temas con algunos altibajos en las notas altas, no tan arengador como siempre, pero cumpliendo en gran forma.

Una catarata de riffs antológicos cayeron para hacer saltar, viajar, y cabecear a varias generaciones de abuelos, padres, hijo y nietos, que se unieron con la filosófica “After Forever”, con “Into de Void” y la cocainómana “SnowBlind” compuesta para “Vol.4” cuando la banda sufría por el exceso de sustancias. El lugar de Bill Ward en la batería está bien cuidado por el joven Tommy Clufetos, que inyectó potencia y vitalidad, regaló un grandísimo solo y conformó una base mega sólida con Geezer Butler en bajo, construyendo una pared de sonido que contiene a todos los clásicos como el antibélico “War Pigs” (acompañado de un video lleno de explosiones atómicas), N.I.B.” y “Iron Man”.

Black Sabbath es oscuridad, es la piedra roseta, son las sagradas escrituras, que todo músico supo leer y tocar, y que se pueden encontrar en la psicodélica “Dirty Women” y en “Children of the Grave”, esparcidas en todos los sub género metal. El final es obvio y genial a la vez con el inmortal “Paranoid”, sabiendo que lo que ellos empezaron, está llegando a su verdadero fin, y algunos no pueden contener las lágrimas.

Los músicos hacen sus reverencias, saludan a sus fanáticos, por los parlantes suenan la acústica “Zeitgeist”, y así se despiden tras casi 50 años de carrera. La escena podría compararse con el final del Padrino: la puerta se cierra y el legado seguirá vivo, para siempre…

 

 

 

 

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