Revista El Bondi - 15 AÑOS DE ROCK
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Carl Palmer

El legado

Cronista: Juani Lo Re | Fotos: Rosario Morasso

03 de Marzo, 2017

El legado

Carl Palmer dio cátedra de batería en el Teatro Gran Rivadavia con su gira Carl Palmer’s ELP Legacy. Fue un show cargado de emociones, con homenajes a sus viejos compañeros Keith Emerson y Greg Lake.

¿Se puede homenajear a Emerson, Lake & Palmer sin teclados o mini-moogs? El viernes a la noche Carl Palmer demostró que sí. Con una banda ajustadísima que se completó con Simon Fitzpatrick en bajo y Paul Bielatowickz en guitarra, en la que ambos construyeron los efectos sonoros con un juego de pedales. Por su parte, con su batería DW, el tradicional grip americano, y el gong cuidándole la espalda, Palmer dio una clase magistral de qué hacer cuando un músico se sienta detrás de los parches.

Una notable versión prog de “Peter Gunn Theme”, de Henry Mancini, precedió a la furiosa “The Barbarian”. Ahí dieron comienzo a los clásicos de Emerson, Lake & Palmer: “Knife-Edge” y “The Trilogy”, que emocionaron a los nostálgicos que promediaban los cincuenta años que, claro, eran la gran mayoría.

Entre canción y canción, el baterista se encargó de contar alguna que otra anécdota, recordar al legendario Aaron Copland (y como inspiraron su música en su arte), y de introducir la siguiente pieza. Contó, por ejemplo, que “21st. Century Schizoid Man” de King Crimson fue la primera canción que tocaron juntos con ELP; o cómo decidieron lanzar “Jerusalem” como single a pesar de la oposición de la BBC. Tampoco faltó el momento emotivo cuando recordó a sus colegas Keith Emerson y Greg Lake, ambos fallecidos el año pasado.

El mejor momento de la noche llegó con la obra maestra “Pictures at an Exhibition” del álbum homónimo editado en 1971, que vendió más de 4 millones de copias en todo el mundo. La conexión entre el público y la banda en ese momento del show fue inenarrable.

Fitzpatrick y Bielatowickz pudieron demostrar por qué son ellos quienes acompañan al baterista con un solo cada uno que despertaron ovaciones del público. El bajista soprendió tocando su Chapman Stick con una digitación notable.

Como un auto deportivo que llega de 0 a 100 en solo segundos, Palmer va del pianissimo al fortissimo y viceversa sin desentonar un solo momento, y con un preciso e hiperveloz solo de batería en “Fanfare for the Common Man” dio el broche de oro a dos horas de concierto.

Con la promesa de volver, Carl Palmer pasó una vez más por Argentina y demostró por qué es uno de los bateristas más legendarios del progressive-rock mundial.

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