Revista El Bondi - 15 AÑOS DE ROCK
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Andres Calamaro

Año nuevo, vida nueva

Cronista: Gentileza: Pablo Gabriel Krause | Fotos: Beto Landoni

22 de Diciembre, 2005

Año nuevo, vida nueva

Después de su presentación en el Luna Park, Andrés Calamaro cerró el año con un concierto en Obras al aire libre, acompañado -como ya es costumbre- por la gente de Bersuit Vergarabat y, en esta ocasión, por más de veinte mil personas

Luego de varios años de ausencia en los escenarios locales, el 2005 puso a Calamaro nuevamente frente a sus admiradores/as (al decir verdad, las segundas superan ampliamente a los primeros) y, afortunadamente, con una imagen mucho mejor que los últimos recuerdos que se tenían de él. Así como afirmó que “había recuperado el placer de cantar en vivo”, Calamaro recuperó también la relación con su público, que se acercó hasta el estadio Obras para presenciar el último show del año que fue, al mismo tiempo, el más multitudinario realizado hasta hoy en ese lugar.

Sin embargo, parecería que en su ausencia, Calamaro experimentó un recambio de público bastante complejo. Hoy en día la gran mayoría se compone de mujeres que no superan los veinticinco años de edad y, en gran porcentaje, portan celular último modelo y visten a la moda. Quizás haya sido la “falta de costumbre”, en lo que a recitales respecta, lo que hizo que haya gente que ingrese al estadio después de comenzado el séptimo tema (¿un poco tarde no? más aun teniendo en cuenta que el concierto se atrasó unos cuarenta minutos). De todas maneras, se vieron algunas remeras de Pink Floyd y Pearl Jam, que a juzgar por la gama de grises, llevan algunos años en los guardarropas de sus dueños.

Si bien el show fue “a puro hit”, el primer tema dejo dubitativo a más de uno, que no pudo rapear al ritmo de Output-Imput. Sin embargo, el público pudo tomarse su revancha y recibir a Calamaro coreando a viva voz los versos de El Salmón, aunque la parte de “no quiero estar enero en Pinamar” no haya quedado muy acorde con la composición social del público.

De allí en adelante, Andrés Calamaro demostró su entereza como músico y como compositor, y se dedicó a interpretar uno a uno esos temas que incluso quienes no tengan un disco de Andrés pueden corear prácticamente de memoria, ya que son parte del “inconciente colectivo musical” de cualquier persona más o menos emparentada con la escena de rock nacional. Después de Te quiero, vino la sopresiva inclusión de Mil Horas (que cosechó el primer “Olé, olé, olé… Andrés, Andrés!” de la noche), La parte de adelante, una coreadisima versión de Clonazepan y circo, y más cantada aún, Crímenes Perfectos, en donde curiosamente, solo se encendió un solo encendedor en todo el estadio.

Más allá del hecho de que lo acompañaran como banda los músicos de Bersuit Vergarabat, el show también tuvo tiempo para invitados. El primero de ellos fue Vicentico (o Gabriel, para los amigos como Calamaro) quien aportó su voz para El Cantante, y el que pasaría hacer el tema más coreado de la noche hasta el momento, la versión de Vasos Vacíos, clásico de Los Fabulosos Cadillacs.

Antes de que Litto Nebbia pise las tablas, La Libertad y Estadio Azteca marcaron uno de los momentos más emotivos de la noche (en especial la segunda), para dar paso luego al alma mater de Los Gatos, quien –según el mismo Calamaro- “marcó el camino que hoy en día transitan él, Vicentico y La Bersuit”.

Lamentablemente, el público no “junaba” demasiado a Litto, y la versión de Zamba para mi tierra, terminó aburriendo a más de uno (incluso algunos aprovecharon la ocasión para ir “a picar algo”), aunque al mismo tiempo, sirvió de descanso para el público masculino, que había tenido que soportar el peso de incontables muchachas sobre sus hombros a lo largo del concierto. Pero no todas fueron malas para Litto. Yo no permito fue bien acompañada por los presentes, e incluso contó con una pequeña improvisación entre ambos tecladistas sobre el escenario, para luego culminar su participación con Para no olvidar, donde finalmente, la gente terminó prendiéndose y despidiéndolo como se debe.

Como para despertar al público de ese “colapso post-Litto”, Calamaro recurrió nuevamente a su inagotable fuente de hits, y levantó nuevamente el show de la mano de Loco (en donde algunas señoras “mayores” -a comparación del resto las chicas presentes- implementaron pasos de baile un tanto extravagantes en la parte de atrás del campo). Luego llegó una confusa explicación sobre la letra de Media Verónica, que podría resumirse en “una canción que no habla de una chica que se llama Verónica, sino que es una maniobra que hacen los toreros en España, y acá se como mucha carne de vaca, asique todo bien, supongo…” (¿clarísimo no?)

Para terminar de enganchar al público antes de los bises (lo que no evitó que algún colgado se fuera en serio del estadio), Calamaro arremetió con Alta Suciedad -algo bastante irónico, teniendo en cuenta el nivel del público presente-, Flaca y Paloma. Y por si alguien pensaba que no le quedaba as alguno bajo la manga, Andrés homenajeó a Maradona y después revivió tres viejos clásicos para terminar de enamorar a las chicas y emocionar a los muchachos que habían pagado la entrada: No se puede vivir del amor y dos de la época de Los Rodriguez, Mi enfermedad y Sin Documentos.

Como bien dijo Calamaro “no se regresa de verdad sin tocar en Obras”. Y la impresión que dejó el show del sábado fue precisamente esa: Calamaro está de vuelta. Si bien han pasado los años y por algunos momentos quedó en evidencia que no llega a los tonos que antes llegaba, se lo vio con solidez y entereza sobre el escenario y logró cautivar a la gran cantidad de público que asistió.

Musicalmente también demostró estar a la altura de las circunstancias (dejando de lado el tema de los agudos que ya mencionamos) y muestra un completo entendimiento a la hora de tocar con una “banda ajena” como es el caso de los músicos de Bersuit Vergarabat. De cualquier manera, y haciendo referencia a las declaraciones de Calamaro al momento de presentar a Litto Nebbia, el camino que hoy en día recorre (y que el mismo asimiló al caso de Vicentico y Bersuit) poco tiene de rock en sus compaces.
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