Revista El Bondi - 15 AÑOS DE ROCK
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Muerdo

Todo irá bien

Cronista: Milagros Carnevale | Fotos: Pilar Guevara

19 de Octubre, 2019

Todo irá bien

Muerdo visitó Buenos Aires y llenó Niceto Club de esperanza, valor y magia, de la mano de invitados amigos y una banda porteña. Una fiesta del mundo alojada en un club de Palermo.

Sábado, 19:30 horas, Niceto Vega, toda la cuadra llena. 20:00, Humboldt toda la cuadra llena. 20:30, ya no se puede caminar por ningún lado. Porque Muerdo toca en Niceto y nadie se lo quiere perder, porque su música es un mimo al alma que en este momento (y en cualquier momento) todos necesitamos. A las 21:00 empieza a tocar el telonero Nico Gesta, que con su voz y su guitarra prepara el ambiente con canciones como “Días que pasan” y “Rayitos de sol”.

Pascual Cantero, tal como figura en su carnet de identidad, se hace esperar hasta casi las diez de la noche. La gente lo aguarda, lo llama, lo piensa, lo canta, agacha la cabeza para ver si por el agujerito entre el telón y el escenario se ve algún que otro pie. Con su banda enteramente porteña ya toda en su lugar, aparece finalmente entre amor y aplausos; eso es él, amor y aplausos.

Con “Sonidos” abre el show, y cuesta un poco escuchar la letra porque su camisa azul medio desabrochada, la sonrisa pegada al micrófono, los brazos abiertos como si le quisiera dar al público un gran abrazo, que de hecho es lo que hace con la sensibilidad que demuestra con la respecto a la situación del país: “Canto para el que está despierto” casi que nos está dedicada porque "canto pal que tiene miedo, pero es capaz de enfrentarlo". Su voz atraviesa el micrófono y se convierte en valor.  

Junto con Sol Pereyra hace “No me quieras mal”, y bailan por todos lados y su cuerpo es como todos los cuerpos juntos, desprende la energía de Buenos Aires y de Madrid y de todo el mundo. Cuando Muerdo comparte el escenario con alguien, realmente está con alguien, con los ojos y la boca y las manos y los pies. No hay tal cosa como el arte de a uno en su música, es de a muchos, de a todos.

Tiene puesta una camisa azul con anclas, se puede pensar de dos maneras: en el anclaje en algún lugar, o bien, en los barcos y en los viajes. Concuerda más con Muerdo la segunda interpretación porque él nunca se quedó quieto y sus canciones no le hacen caso a eso de ser de un país o ser de tal otro. “Invisible”, que canta después de “Luz Natural”, está inspirada en los terremotos que hubo en México en 2018, y se la dedica a un amigo. Luego mecha su primera intervención: "los políticos argentinos son nefastos". Antes de que termine la oración ya todo el mundo lo aplaude. No sólo por tener razón sino por cómo interpela su empatía.

Salsa, reggae, pop, folclore y más. Su música no se casa con ningún género, coquetea con todos y hace que se den la mano y un beso en el cachete.  Su voz y su guitarra hacen de “Gallo rojo, gallo negro” una declaración política-poética (nada que canta es una sola cosa). “Gallo rojo, gallo negro” también es narrativa: el relato de una confrontación, alguien gana y alguien pierde. "No se rinde un gallo rojo más que cuando está muerto". Muerdo dice Santiago Maldonado y la fuerza y unidad de los aplausos vencerían un ejército entero, con la guitarra de fondo y la memoria al frente. Pero la canción no termina, es reinventada para Argentina: "Argentina está peleando con palo e inteligencia para darle a vuestro pueblo la segunda independencia". Y regala esperanza.

Quizás es aleatorio el orden de las canciones para el espectáculo, pero quizás no, porque después de un discurso tan fuerte como lo fue el “Gallo rojo, gallo negro”, canta con Serafín como invitado la canción “No me sigas”, pregonando que no pretende ser ni pastor ni profeta (¿nuestro?), y que "cada quien aprenda con su propio recorrido", que es lo más importante. Lo cual es muy característico de él, siempre en pos de la libertad y la caída de los impuestos. No hay juzgamiento cuando se trata de su música.

Esta gira, Fin de la primera vida, es tanto inauguración de la nueva etapa que encara como solista de la mano de Warner Music, como homenaje a el camino recorrido, ahora mirado con otros ojos, pero siempre con el mismo amor. El recuerdo de Luis Eduardo Aute, que creyó en él allá por el 2011, se hace presente con la canción “Prefiero amar”. La siguiente invitada es Julia Ortiz de Perota Chingó, y juntos cantan, y también actúan, “Bésame mucho” impregnada de Buenos Aires, tango y sensualidad.

El cantante reivindica la lucha por el aborto legal, seguro y gratuito. Casualidad o no, las luces del escenario se hacen verdes a la par de los primeros versos de “Lejos de la ciudad”, que también es una reivindicación de la lucha de los pueblos originarios. Esto puede apreciarse mejor en la versión de Spotify o Youtube, donde intercalada con el canto de Muerdo aparecen voces de originarios bregando por la verdadera democracia y la libertad, por un mundo donde quepan muchos mundos, como dice el artista y exactivista en el escenario.

El show va terminando, pero antes de cerrar su paso por Argentina debe cantar con Lola Membrillo, la otra mitad de Perota y amiga incondicional, ancla, como esas de su camisa siempre un poquito desabrochada. Juntos bailan una salsa al ritmo de “Semillas”, que hace sentir su conexión con la tierra, con todo lo que está vivo.

Falta tan solo una canción para el final, pero Pascual Cantero no se quiere ir sin compartir con todas las personas que llenan Niceto Club un ritual de purificación: lo bueno pa’cá, lo malo pa’llá mil veces, todos juntos, él, la banda, los asistentes, el público, limpiando el cuerpo de malas energías y preparándolo para recibir las buenas, que son muchas. Esta noche la música no le escapa a la magia.  

Para terminar un místico encuentro, Muerdo vuelve a desafiar tiempo y espacio con una canción escrita especialmente para Madrid: “Llegué hasta ti”. Porque ama Madrid, pero le gusta extrañarla desde acá, desde Argentina, donde conjetura que podría suceder su segunda vida. Si iba buscando un sueño y se perdió, todo habrá sucedido por algo, para encontrar en todas partes un escenario y una guitarra y cantar la vida, cantarle a la vida, cantar por la vida. Y encontrar abrazos amorosos dondequiera que vaya.

Finalmente se despide con el bis innegable: un pedacito de “Con la frente marchita” de Sabina, como oda al Río de La Plata, mientras la banda se prepara para, esta vez sí, terminar, con “Me lo prometo”. Y la sensación que queda flotando en el aire es que todo irá bien.

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