Revista El Bondi - 15 AÑOS DE ROCK
Seguinos en

Patti Smith

Patti Smith y la llama del tiempo

Cronista: Milagros Carnevale | Fotos: Barbara Sardi

21 de Noviembre, 2019

Patti Smith y la llama del tiempo

Para finalizar su gira por América del Sur, la legendaria cantante, poeta y activista se presentó en el Luna Park y estremeció a más de cinco mil personas con su música eterna. Repasando todos sus hits y mejores momentos, Smith realizó un recorrido mágico y cargado de empatía para con las luchas latinoamericanas.

¿De dónde viene y a dónde va Patti Smith? De ninguna parte y a todos lados. Si bien nació en Chicago, su origen es la vorágine del universo: llegó a Argentina, se reunió con el presidente electo Alberto Fernández, protagonizó un ritual mágico y sagrado en el Luna Park y se fue pronto, como una brisa de primevera.

A sus 72 años, la ícona mundial del punk sigue dando conciertos alrededor del mundo y despertando los impulsos más recónditos de su eterna audiencia. No son sólo sus contemporáneos, ni mucho menos, los que fueron a verla el jueves 21 de noviembre. Ninguna franja etaria quedó afuera de su invocación a los mejores mundos, porque no hay edad que no sea interpelada por su música.

La noche comenzó con las canciones de Paula Maffia, que encendió la chipa subversiva del público que iba llegando al místico encuentro. Los aplausos cuando entró Patti se prolongaron hasta que la artista alzó sus brazos, inclinó su torso, agarró el micrófono y de su garganta, siempre un poco ronca, salieron los primeros versos del clásico “Dancing Barefoot”.

Sólo cantó dos canciones antes de poner sobre el escenario toda su fuerza en pos de la defensa de los pueblos indígenas. Hope, pray, be active, pregonaba, mientras sonaban las primeras notas de “Ghost Dance”, más conocida por la frase we shall live again que por su título. Al terminar la canción, exhortó a su público a desembarazarse de ese mal de espíritu que acecha tanto estos tiempos: como respuesta a su Shake out the ghost! Shake out the ghost! todo el estadio se puso de pie, levantó sus brazos y tintineó sus dedos junto a la frontwomen, en un ritual de amor y comunidad.

Durante la noche la artista enarboló la bandera de todas las causas que no paran de resonar con cada vez más fuerza en nuestra sociedad. This is a song for the workers, dijo como preámbulo a “Come back Little Sheba”. ¿A quienes estaba dirigido este regalo? Según sus potentes palabras: a los barrenderos, a los panaderos, a los maestros, a los poetas y a todos los que –en su día a día– colaboran para que el mundo se mueva.

El ritmo del recital dio un giro cuando fue el turno del problema del cambio climático. Las visuales de la puesta en escena, que hasta este momento se mantenían violetas y grises, mutaron a un rojo fuego que trasladó a la cantante a una selva o un bosque en llamas, para recitar una poesía que tensó la piel de todos los espectadores, y los preparó para “Beds are burning”.

El siguiente tema, “Beneath the southern cross” se lo dedicó a todos aquellos que perdieron la vida luchando por una vida más digna y más justa. We Will always remember you. Los solos interminables de guitarra y bajo se llevaron estruendosos aplausos del público y de Patti, que los miraba entre asombrada y orgullosa. Raise your arms, feel the flame. Raise your hands, feel your freedom. Feel your hands empty, rezaba, inmensa, revoleando su pelo blanco, matriarca de su tribu.

Luego de presentar a su banda, sonó el clásico de los 60/70s’ “I’m free”, con la participación especial de Jimmy Rip. Para ese momento, Smith les dejó la voz principal a los hombres y se tomó un descanso del escenario.

A continuación, la poetisa realizó un cover de Niel Young, “After the gold rush”, para el cual las visuales cambiaron y se convirtieron en una noche estrellada, como la que quizás estaba sucediendo fuera del Luna Park, fuera del universo paralelo en el que se vivía esa noche. We look to mother nature for nourishment, for protection, for love. But we must love the mother too, recitó antes de comenzar la canción, tiñéndola de su propia impronta, como con todas las canciones de otros artistas que eligió para este show.

This song is for my boyfriend, dijo luego de “Pissing in a river”, con la sonrisa de una niña que acaba de dar su primer beso. He was my boyfriend in 1976, he was my boyfriend in 1986, and now he is my boyfriend in heaven. Todo el estadio invocó a Fred Smith, cantando y bailando “Because the night”, escrita por Bruce Springsteen especialmente para ella, y ahora dedicada a quien fue el amor de su vida.

Y fue cuando agarró un pañuelo verde que alguien le tiró desde el público cuando estalló el frenesí de tener en frente a esa mujer que aùn hoy es la defensora de todas las causas nobles, la revolucionaria, la feminista, la pionera del punk rock, aquella que impide a todo quien la escucha olvidar que la música es política.

Intentó despedirse de esta fiesta con “Gloria: In Excelsis Deo”, esa canción con la que abre tan desafiantemente Horses, en una época en la que la escena de la música estaba predominantemente dominada por hombres. No tardó en demostrar, en ese tiempo, de que ella había llegado para cambiar las cosas. ¿Acaso no logró un contrato discográfico antes que The Ramones?

This is sour last night in South America, our last concert, y parecía que la gente lloraba, alguien gritó Patti no te vayas. Thank you everybody. We are happy, we are happy! This is for you No podía ser de otra manera: el bis de este concierto fue “People have the Power”, para el cual participó en el teclado su hija, Jesse Smith. Ninguna canción más acertada que esa, dentro del marco actual latinoamericano. Junto con el pañuelo verde, también se llevó una whipala.

Sólo hizo diez temas, pero todo el mundo se podría haber quedado hasta la mañana siguiente en el Luna Park escuchándola. Incluso cuando ya se habían prendido las luces del estadio, la gente seguía vitoreando su nombre. A sus 72, sigue manejando la misma vitalidad de antaño. Solamente necesitaba tomar sorbitos de té entre canción y canción. Pero en esto también era menester que destacase: ¿qué otra rockera de esa edad hay hoy en día dando conciertos del mismo talle que cuando tenía treinta? En su cuerpo encierra a una eterna niña, que destella inevitablemente en su sonrisa y el movimiento psicodélico, tierno y divertido de sus manos.

Patti Smith con su poder de ser de otro universo amalgama en su música todos los sentidos. No hay chance de que jamás pase de moda. Ella está siempre pisándole los talones al progreso. Tiene el poder de siempre resignificar los clásicos, darle lo que se podría decir una vuelta de tuerca. Es cierto que representa a una época, pero lo que en realidad representa es la llama de la revolución.

TODAS LAS FOTOS