Revista El Bondi - 15 AÑOS DE ROCK
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Cabezones

El Teatro se vistió de gala

Cronista: Gentileza: Pablo Gabriel Krause | Fotos: Beto Landoni

23 de Febrero, 2006

El Teatro se vistió de gala

Cabezones “remodeló” El Teatro, como así también algunas de sus canciones, para la grabación de lo que será su primer disco en vivo: “Bienvenidos”. Además, apuestan fuerte y quieren llegar a Obras en junio

Con la agobiante sensación térmica a la que el veranito porteño nos tiene acostumbrados, El Teatro abrió sus puertas para recibir a la gente de Cabezones. Con entradas agotabas, los muchachos de Santa Fé dieron una buena síntesis de todos sus discos, y dejaron en claro además, que si bien no son una banda de convocatoria masiva, arriba del escenario tienen con qué defenderse.

Desde el vamos, los santafecinos dejaron en claro que este no sería un show más. Las paredes del escenario habían sido pintadas de blanco, al igual que el telón que se desplegaba sobre el fondo. Lo más llamativo: TODAS las luces del lugar estaban prendidas, no sólo las del escenario, sino también las que iluminan al público, lo que convirtió al lugar en una especie de horno gigante, si tenemos en cuenta los casi treinta grados que hacía en la calle.

Pero el show debe continuar, y con una extremada puntualidad (cuando todavía había gente esperando por ingresar al lugar, Cabezones salió a escena y desplegó toda su potencia frente a un Teatro que estaba absolutamente colmado. Desde el arranque, la banda hizo partícipe al público, y esa interacción se fue acrecentando con el correr de los temas, hasta llegar al clima ideal con “Ella se olvido de mi”.

A pesar del calor, que durante la primera media hora de show se cobró algunas “víctimas” (leasé: gente que no aguantó y se fue para atrás) entre quienes estaban más adelante, los santafecinos parecían no dar descanso al público y enseguida arremetieron con “……..quiero sentir….”, “Vertiente” y la impecable versión del clásico de Soda Stereo “Sueles dejarme solo”. Aunque empapado en transpiración, el público no acusó recibo de la temperatura y acompañó a la banda pogueando y arengando principalmente los temas de sus primeros discos, en los que se focalizó la primer parte del show.

Luego de un pequeño intervalo, que además sirvió para que el público descanse y se refresque un poco, el escenario quedó listo para la presentación de los temas de “Jardín de Extremidad” , su último disco. Vestido con galera y un ramo de flores (de las que se llevan al cementerio, claro está), César Andino apareció sentado sobre el banco que ilustra la portada de la placa, como personificando la letra de sus canciones.

Y en un show como el del jueves, era obligado el set acústico. Antes de arrancar las “zappadas” con Estéban Serniotti, tal como lo había anticipado para La Bitácora, César dio aviso al público de la cita más importante para este año: “En julio, nos vemos en el Templo”, aunque según Esteban, “van a tener que rezar un poquito”.

Si bien el bloque “a dúo” de César y Estéban logró afianzar la relación con el público y reflejar el costado tomado por la banda en “Intraural”, el show pareció caer por algunos momentos. Principalmente cuando, luego de que retornara la totalidad de la banda, interpretaron algunos temas con una guitarra acústica (en manos de Leandro Aput) y una eléctrica sin distorsión, que llevaron a que las versiones –como la de Globo¸ sin ir más lejos- no terminen de convencer al público.

Pero Cabezones supo guardarse un as bajo la manga y remató el concierto con la intencidad y potencia que los caracteriza. Bajo una lluvia de flashes, el público explotó con los clásicos (y no tanto) más “poderosos” de la banda, como “Alas” o “Frágil”. A pesar de la incomodidad que por momentos podía generar la temperatura ambiente, la banda expuso en casi dos horas de show un buen reflejo de sus diez años de carrera, que quedará plasmado en un disco que –de antemano- promete muchísimo.
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