Revista El Bondi - 15 AÑOS DE ROCK
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Pequeña Orquesta Reincidente

Estrenando traje nuevo

Cronista: Gentileza: Sebastián Barrera | Fotos: Beto Landoni

22 de Marzo, 2006

Estrenando traje nuevo

La cita fue en Niceto Club. La Pequeña Orquesta Reincidentes se presentó antes más de cien personas para mostrar su último trabajo discográfico: Traje

Los climas y las sensaciones que se sienten en un show de Pequeña Orquesta Reincidentes están cargados de un profundo romanticismo. Sus canciones se esconden en la melancolía, la soledad, la desesperanza, y la rutinaria vida que asusta a todo ser humano. Su música cuenta con potentes y coloridas explosiones de ritmo y frenéticas melodías.

A pesar de todo esto, sigue siendo bastante difícil explicar el sonido de la banda. Ni siquiera con el típico “parecido a...”. Acá no existen parecidos. Ellos son Pequeña Orquesta Reincidentes.

Un poco de Folklore, tonos franceses, tango, algo de vals, otro poco de jazz, y rock. Una sana mezcla de sonidos es la que se encuentra en cada canción de la banda liderada por...nadie. Ellos son cinco: Alejo Vintrob en batería y percusión; Rodrigo Guerra en voz, contrabajo, trombón, tuba y banjo; Santiago Pedroncini en guitarra, banjo y mandolina; Juan Pablo Fernández en guitarra y voz; y Guillermo Pesoa en voz, piano y acordeón. NO hay líderes que esperan la tapa de una Rolling Stone. Cada uno hace su trabajo, a su manera, y funcionan como una relojito suizo.

Niceto volvió a poner las mesas para esas noches donde se necesita estar atento, apoyar un vino, una cerveza o un fernet sobre algo liso para poder escuchar y apreciar un poco de buena música.

La pequeña orquesta reincidente salió a escena, y sin saludar comenzó un repertorio donde repasó sus últimos discos y presentó Traje, su nuevo trabajo. Canciones como “Abrázame”, la extraña y lenta “No hay un alma”, “Romance de suelas y suelos” y “No”, fueron las elegidas del nuevo disco de esta pequeña pero gran orquesta.

El publico esta ahí, siempre atento a los cambios de ritmos y a las letras. Su lírica es el punto fuerte: en ellas resumen situaciones cotidianas y problemas tan sencillos que estropean nuestro complicado estilo de vida.

Al igual que el público, ellos parecen estar en un pleno viaje de sensaciones. Los cinco usaron sus instrumentos como un perfecto medio de comunicación. Ellos tomaban sus respectivos tragos, y se disponían a tocar. Solo eso. Era tanta la concentración, que parecían olvidarse donde se encontraban. Al abrir los ojos veían más de cien cabezas debajo de ellos que miraban, escuchaban y esperaban el último acorde para poder aplaudir y agradecer tanta magia.

No hubo remeras ni binchas en el público. Hombres, muchos de traje, y jóvenes que, con su cerveza y cigarrillo en la mano, llegaron a Niceto para escuchar a su banda. El resto es historia, y afuera es otro mundo. Todo se centra ahí, entre el quinteto y ellos.

Ellos no dejan de jugar con los sonidos: el baterista utiliza una rueda de bicicleta y la hace girar y rozar contra un platillo mientras el guitarrista toca la guitarra con el arco de un violín. El bajista pasa del contrabajo al violonchelo como si nada. Ellos, siempre callados, van rotando sonidos y voces de cada uno de los cinco para mezclar y adornar cada canción.

Pequeña orquesta dio un show como ya tienen acostumbrados. El público bebió los últimos tragos, aplaudió y se retiró. La banda no sale en MTV, ni en las radios. No lo necesitan, y lo saben. La pequeña orquesta se sigue presentando y en cada recital que dan, los siguen un público fiel que desde hace diez años, sabe valorar la buena música que ellos saben ofrecer.
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