Revista El Bondi - 15 AÑOS DE ROCK
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Florencia Ruiz

Un nuevo sentido para la palabra canciones

Cronista: Gentileza: Nadia Mansilla | Fotos: Beto Landoni

21 de Abril, 2006

Un nuevo sentido para la palabra canciones

Como inauguración del Ciclo Nuevo, Florencia Ruiz peló su guitarra y sentadita en una silla presentó las canciones con las que pelea por su lugar en el mundo

Cinco minutos después de lo pautado, Florencia Ruiz salió al escenario. Sin aires de diva, ni un rastro de estrella, demostró que no necesita flequillo ni uñas rojas para demostrar que de su boca sale un huracán de energía.

Primero presentó a los músicos, con un gesto de agradecimiento en la pronunciación de cada nombre, y después de un “¿vamos?” arrancó con sus canciones tan indescriptibles como sorprendentes. La sala Enrique Muiño del Centro Cultural San Martín no podría recibir a casi ningún otro artista de rock como le abrió los brazos a ella. Y a su banda.

“Correr” es el título del último disco y del primer tema del recital. Le seguirían Niño 0, Lugar, Nuevo 1, Migajas. Todos del mismo estilo, del mismo tono y la misma impronta, que podrían confundir fidelidad a sí misma con monotonía. Pero sólo los oídos atentos podrán encontrar la diferencia.

Ni tan agitadora por venir del oeste, ni tan dulce como la voz con la que musicaliza la entrega que se representa en sus gestos. Florencia dirige un el barco de un género impensado con toda la soltura, pero sin intención de llevarse a nadie por delante. No hay necesidad. Tiene y sostiene arriba – y abajo - del escenario una esencia lúgubre tan encantadora como atrapante.

Todos los integrantes de este equipo que se presenta bajo el nombre de Florencia Ruiz, son del mismo palo que ella. No solamente porque se les notan los años de conservatorio (o por lo menos lo bien que lo aparentan), sino porque pueden subirse a su recorrido con la misma calidad con la que ella maneja el show. Desde Miguelius al emular cuanto sonido imaginable exista, hasta la guitarra procesada por computadora, a cargo de Sebastián Lando, pasando por el bajo, la segunda guitarra y el teclado.

Siempre sentada en una silla, llevó adelante sus temas cortos mezcla de guitarras acústicas y bases electrónicas que crean atmósferas que hipnotizan sin idiotizar. Hacia el final logró que subiera la energía. Justo cuando crecía la potencia, llegó el cierre. Terminó entonces un show de temas fugaces y canciones que no pasan desapercibidas, pero que nunca van a ser un hit, porque en los medios no hay espacio para una chica con autenticidad desde el color de su pelo hasta sus melodías.
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