Revista El Bondi - 15 AÑOS DE ROCK
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La Vela Puerca

Ocho mil velas sobre la luna

Cronista: Gentileza: Sebastián Barrera | Fotos: Gentileza: Ro Diaz

21 de Mayo, 2006

Ocho mil velas sobre la luna

La Vela Puerca no tuvo temor al apostar por tres Luna Park, y se los bancaron. Un total de 24.000 personas dejaron más que claro, que la banda uruguaya no tiene límites.

Ya deja de sorprender que una banda que el año pasado metía 200 personas en un Marquee, hoy se anime a hacer un Obras, un Gran Rex, o tres Lunas Park. La Vela Puerca se consolidó como la banda más importante del país vecino y la noche del viernes, su primera fecha de las tres que hizo en el Luna, lo confirmó.

“Hasta las manos”, se podría decir. No entraba nadie. Todos contentos, todos agitando y esperando que salga Sebastián Teysera y su equipo para empezar la fiesta. Las boinas de ellos se veían desde la calle Alem. Las mochilas del chanchito de ellas, al lado. Caminando, contentos, con una cerveza en la mano o charlando con otras boinas. El frío molestaba, pero se sabía que adentro estaba bien calentito; el calor humano se sentía desde la extensa fila de ocho mil pibes más. Sí, la Vela Puerca, ocho mil personas, más las 16.000 del sábado y domingo: 24.000.

Todo estaba listo: luces apagadas, la gente excitada, la banda, atrás, escuchando toda la euforia junta. Todo listo para salir y comenzar, tranqui, pero bien, con Un Frasco, el primer de los 34 temas de la noche.

El pogo era constante, temas como Ojo Moro, Alta Magia, Pedro, Por dentro, Claroscuro y Escobas, no dejaron ni un pie quieto hasta la pausa necesaria con un tema nuevo que seguramente lo escucharemos en su próximo disco: Colabore. Tema potente donde las voces de Teseyra y su co-equiper, Sebastián Cebreira jugaban a muerte quién gritaba más. Cosa que, por momentos, la voz del enano era opacada por su compañerito.

Dice hizo cantar, Contradecir agitar, y Zafar corear hasta dejar de escuchar a la banda, era el público y la guitarra. La Vela ahí arriba, sin poder hacer nada, emocionados. La noche fue un constante recuerdo a los viejos recitales de la banda, incluyendo temas de su último disco A contraluz. Viejos temas como Paren Hoy y Rebuscado, incluyendo otra primicia: Neutro.

El invitado sorpresa fue Pablo Silvera de Once Tiros, otra banda uruguaya que viene creciendo al igual que No Te Va Gustar. “El Negro” apareció para acompañar con Doble Filo, un tema al palo que hizo agitar a todo el Luna. Prueba superada para Once Tiros, que no sorprendería que los encontremos dentro de un par de años en nuestros mejores escenarios.

Quizás el momento más especial de la noche fue con En el limbo, donde el teclado acompañó la voz del muchacho de boina y 8.000 gargantas ayudaban con el coro. Las dos pantallas gigantes parecían mostrar alguna lágrima, pero no salió. Sin embargo, los músicos agradecían la concurrencia que los llevó a tocar en semejante lugar. Tan cancheros estaban, que siguieron con una seguidilla de covers como Donde están mis amigos de “Extremoduro” y El pan de los ángeles, de “Barricada”. Por el momento bien, hasta que intentaron resucitar al pelado de la ginebra con No tan distintos. A pesar de los aplausos, tocar a SUMO no es cosa fácil, hay que tener la voz y sus guitarras. Pero no, los muchachos no pasaron la prueba. No importa, la intensión fue buena.

Para el final, los cigarrillos ya estaban armados: “Esta es una hermosa canción de amor”, introducía Teysera y comenzó Mi Semilla. 8.000 encendedores se prendieron para hacerle honor a la semillita que tanto cariño y cuidado se le da, más que un malvón, una santarrita, y ni hablar de un cactus. Le siguieron Por la Ciudad, y el final anticipado para los últimos agites con El Viejo para cerrar con el ska Gente, de su primer disco.

La vela ni se inmutó por tocar en semejante escenario. Es difícil encontrarse con un show malo de esta banda. La fiesta es constante, al parecer, toquen lo que toquen. Sus fieles siempre van a estar agradecidos.

El viernes, los hermanos se unieron, dejando atrás el papel que los separa, para cruzar el charco y presentarse ante nuestro templo del sonido. Las boinas se retiraron contentas, para encontrarse, dos veces más, el sábado, y el domingo. ¿Alguien habló de un estadio por ahí? ¡Paraaaa, exagerado!” Quien sabe.
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