Revista El Bondi - 15 AÑOS DE ROCK
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Los Tipitos

Una luna tímida llena de tipitos

Cronista: Gentileza: Sebastián Barrera | Fotos: Gentileza: Ro Diaz

11 de Junio, 2006

Una luna tímida llena de tipitos

Hay ciertos caprichos que deben esperar. Los Tipitos tocaron en el gran Luna Park y dieron un flojo show para un público frío y bastante callado

Hace unos años tocaban para diez, veinte o treinta personas, todo dependía de los ánimos y las ganas de llegar caminando hasta la peatonal de Villa Gesell. Un par de veranos más tarde, la cita era casi obligada: “Vemos a Los Tipitos, y después salimos a tomar algo”. Otro par de años después, la reunión de esos pocos seguidores se mudó al Condado, donde todos los martes se convertían en un pequeño ritual para escuchar a una banda tan intima que se ganó el respeto y el cariño de varios seguidores.

Poco a poco, Los Tipitos fueron llevando más gente. Un disco, y varios shows más adelante, sacaron Armando Camaleón, un álbum lleno de canciones macanudas ideales para escuchar en cualquier radio porteña. Su lanzamiento fue silencioso. Pero a ese pequeño círculo de seguidores les encantó. El disco estaba repleto de canciones con melodías tan pegadizas, tan lindas, que se convertían en insoportables. La decisión no pudo haber sido mejor, o peor: Brujería. El plan era perfecto, la canción era ideal para llamar la atención de todo aquel que nunca escuchó la banda. Esa canción era tan boba y tan molesta, que fue furor en todas las cortinas de programas de televisión, fue furor en todas las Fms, y fue furor en los canales donde pasan otros temas tan comercialmente pegadizos como ese.

Tiempo después, y ya con cientos de seguidores que ya no cabían en El Condado, se animaron a tocar en el Gran Rex. La idea parecía osada, pero pudieron. El show fue grabado, y tiempo después salió un DVD y un disco en vivo con 18 canciones. Nadie entendía nada: Los Tipitos eran famosos. Insoportablemente famosos, y sus canciones lo justificaban.

Después de un verano eterno, que duró hasta hace dos semanas atrás, la banda volvió a Buenos Aires con una idea: tocar en el Luna Park. “Muchachos, dejen la marihuana”, gritaron todos. Pero era enserio. Los Tipitos dijeron que un 9 de junio de 2006 iban a tocar en unos de los estadios más grandes de Capital Federal.

Era un poco obvio el por qué: necesitaban un lugar más grande, donde pudieran tocar para mucha gente sentada. O sea, un Condado grande, mucho más grande. La gente, todos los que pasaron alguna vez por la peatonal de Gessel, todos los que alguna vez fueron a sus rituales de los martes, y todas esas chicas de Palermo que se endulzaron con sus hits, se reunieron en el Luna Park. Una vez adentro y en silencio, esperaron que ellos salgan y den comienzo a un show larguísimo de 31 temas.

Una canción que antes cerraba cada show, esta vez sirvió para abrirlo: Trip. Quizás un comienzo apurado, pero aplaudido al fin. Con El Mudo y El Pasillo Mágico, la gente recién pudo digerir que Los Tipitos estaban en un escenario. Las cosas iban tomando un poco de color, pero no fue suficiente, era un publico difícil, extraño y ajeno.

Ellos lo notaban. Cualquiera que haya ido a un show de Los Tipitos, sabe que no dejan de hablar y joder entre tema y tema. Esta vez, por momentos la cosa parecía un trámite. Uno atrás del otro, con algún “gracias por venir” y un par de comentarios de por medio. Algo, Habla Conmigo, En el Cielo, respetaban la lista de temas.

Dado que, al otro día, en el mismo lugar y a la misma hora, estarían tocando otros que siguieron por el mismo camino de agotar oídos vía Mtv, aparecieron los muchachos de Árbol. Los Tipitos les prestaron sus instrumentos y se dedicaron solamente a cantar el rapero El coche no, del grupo español Def Con Dos. Muchos miraron la puerta: “En la entrada no avisaron esto, ¿donde está mi Brujería?, exijo una explicación”, seguro pensaba más de una, pero no lo decía, no sea cosa que quede mal.

El catorceavo tema de la noche vino acompañado de una gata gigante y redonda. Walter Piancioli, voz y órgano de la banda, salió vestido con su clásico tapado y pantalones brillantes, al lado de una amiguita sadomasoquista vestida con un traje gatubelo, para hacer el clásico Master of the universe. Un lindo final para que se vayan a reflexionar un ratito en el vestuario.

La vuelta fue lo mejor de la noche: “Me cambié, para estar acorde con la ocasión”, introdujo Raúl Rufino, que presentó a Lito Vitale para tocar el mejor tema de la noche: Una casa, tres olivos. Una canción hermosa, que por suerte no fue incluida en el disco en vivo. Acompañado por la percusionista Andrea Álvarez en la voz, el Luna Park respetó el silencio y se animó a conocer un viejo tema de la banda marplatense. Gustó, y mucho. Más si le seguía Sólo Figuras, un tema que en el disco lo acompaña León Gieco, esta vez fue por veinte copas con agua que Raúl y Fede acariciaban para crear melodías. De lo mejor de la noche.

Hay un disco que todavía no es disco, pero que ellos tuvieron el honor de participar. Se trata del homenaje a Andrés Calamaro, donde Sabina, Soledad (la del poncho), Los Fabulosos Cadillacs, entre otros, participaron del futuro disco doble. A Los Tipitos les tocó el tema Mil horas que se ganó el gran aplauso del tímido público.

“Queremos invitar al mejor guitarrista del mundo”, gritó Federico: Carlos “el negro” García López. (Silencio). “¿Así reciben al mejor guitarrista del mundo?” (Ruido. Sólo un poco) Bueno, la gente quizás no lo conoce, pero este señor tocó varios años con Charly García, y con su banda “La García López Band” recorrió casi todo el mundo. No será el mejor del mundo, pero es excelente, y se merecía gigantes aplausos luego de su actuación en Cocrouchis.

El público parecía ajeno, intruso. Vieron luz y entraron a ver que onda. Sólo querían escuchar esos clásicos que no los terminaron de saturar, y no dieron lugar a conocer viejas canciones, que, sin duda, es de los mejor de la banda. Por suerte (para ellos), llegó Basta para mí, un tema viejo, pero conocido por todos. La cosa tomó vuelo nuevamente, y mucho más con el hitazo super piola de Silencio. Todos cantaron, todos fueron felices. Le siguió Búsquenla, ¡epa! Más felicidad junta. Esa se la sabían.

La banda estaba en deuda. Que Los Tipitos hagan un show en el Gran Rex y no toquen El Poli, es como que uno vaya a ver los Rollings Stones y no toquen Satisfaction (Claro que me fui a la mierda, pero seguro que se entendió la idea). Esta vez la tocaron, y fue de lo mejor de la noche. Los viejos tipitos se despertaron y salieron de los rincones para cantarla entera.

Para terminar, un buen tema: Campanas en la noche, donde ela gente abandonó las sillas e intentaron agitar en el poco lugar que tenían. Y ya que estaban así de prendidos, dejaron la cereza recontra chupada por todos, que tanto esperaban probar, para el final: Brujería. Ahora sí, todos contentos, todos la sabían, todos chochos.

Los Tipitos son atolondrados. Se apuraron y parece ser que se dieron cuenta. Tocaron ante un público que casi no los conocian. Salieron y vieron varias sillas sin ocupar y esa noche mágica que quisieron vivir no fue lo que imaginaban días antes de presentarse en el Luna Park. Cada cosa hay que hacerla en su momento. Ya les iba a llegar la hora, y quizás había que esperar un poco más y hacerlo como es debido: con un publico ya canchero con sus discos que se anime a disfrutar un show entero sin quejarse de temas viejos y desconocidos.
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