Revista El Bondi - 15 AÑOS DE ROCK
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Paradise Lost

Una noche en el paraíso

Cronista: Gentileza: Pablo Gabriel Krause | Fotos: Beto Landoni

12 de Junio, 2006

Una noche en el paraíso

Paradise Lost volvió a la Argentina después de once años. En un año que promedia una visita internacional por mes, los ingleses fueron de lo mejor que se vio en esta primer mitad del año. Afortunados quienes estuvieron el domingo en El Teatro.

Los ingleses siempre inventaron todo. Desde el heavy metal, hasta la música electrónica, todo tuvo su origen en Inglaterra. El metal gótico no fue la excepción. Hoy en día existe un concepto erróneo, que entiende por metal gótico a toda aquella banda liderada por una cantante femenina. Sin embargo, fue Paradise Lost quien dio nacimiento a este género, marcado por un sonido oscuro, melancólico y pesado.

Once años habían pasado de su primer visita a la Argentina, allá por 1995, acompañando a Megadeth y Alice Cooper en el Monster Of Rock que se realizó en Ferro. Esta vez la cita era en El Teatro, y como es costumbre, un desfile de bandas se sucedió antes de que la banda liderada por Nick Holmes pisara el escenario.

Los primeros en vérselas con el público fueron Eva, una banda de la zona oeste de la provincia de Buenos Aires, que coquetea con los sonidos del pop de los ’80, sobre una base un tanto más pesada y agresiva. En segundo lugar llegó Etheral, quienes llamaron la atención por contar con violinista en el escenario, que sumado al impecable trabajo de guitarras, redondea una propuesta interesante. De todas maneras, como era previsible para las bandas que tocan a esas alturas, el sonido fue el mejor y terminó opacando la performance.

Bloodparade era tal vez el número que más intrigaba de los anunciados. Es bien sabido que los muchachos intercalan elementos del metal con bases de música electrónica, sin embargo, el contraste es más que satisfactorio y fueron la sorpresa de la noche. La banda demostró tener una propuesta bien desarrollada y es capaz de defenderla sobre las tablas, lo que hizo que se ganaran a la gente.

Vampiria, por otro lado, era la banda que más expectativas generaba, y sin embargo no estuvieron a la altura de las circunstancias. Si bien los de Olavarría son una de las bandas más prometedoras de la escena local, y cuentan ya con cierto reconocimiento internacional, no lograron reproducir en vivo la diversidad de sonido con la que cuentan sus discos.

Finalmente, la melodía de teclado que da inicio a Don’t Belong, tema que da inicio a su autotitulado último disco, anunció el comienzo de Paradise Lost. Detrás vinieron dos versiones impecables de Grey y Erased, para luego dar paso a Red Shift, otra de las joyas de su último trabajo. Desde el comienzo, el sonido y el profesionalismo de los ingleses dejó boquiabierto a más de uno, superando todo tipo de expectativas.

¿Qué se puede decir sobre Paradise Lost? El labor en las guitarras de Gregory Mackintosh fue excelente, acompañado por uno de esos músicos que “pone lo que hay que poner” (mucho huevo, para ser más precisos), el “pelado” Aaron Aedy en la segunda guitarra. Stephen Edmondson realizó un trabajo impecable en el bajo, y Jeff Singer, la reciente incorporación tras los parches, hizo que la “sombra” Lee Morris se olvidara rápidamente. Por su parte, la voz de Nick Holmes, significó un verdadero deleite, sobre todo en las composiciones más clásicas de la banda.

Después de So Much is Lost, del polémico Host, llegó uno de los puntos más celebrados del show, con la seguidilla de Embers Fire (el solo de Mackintosh fue emocionante), Hallowed Land y el inolvidable The Last Time. Para muchos, a esa altura ya estaba pagada la entrada.

Tras visitar nuevamente la etapa más reciente con No Celebration y All you leave behind, la banda optó por una nueva sucesión de clásicos que mejor respuesta generaron en la gente: As I Die, Enchanment, True Beleif y One Second. Todo era aplausos, lo emotivo de la lista, sumado a la calidad musical que desplegaba la banda y la prolijidad del sonido hacían del concierto del domingo un acontecimiento inolvidable.

Por si fuese poco, después de que Mackintosh estirara el acople final de One Second hasta el límite de lo tolerable, la banda volvió a las tablas para uno de los temas más gancheros del último disco: Forever After. Antes del final, pasaría el melancólico Over The Madness y sólo entonces, Say Just Words, para coronar una noche memorable.

Nada le faltó al concierto de Paradise Lost. Si bien es sabido que la banda ya no hace ninguno de los temas de sus primeros dos discos, ya que según Holmes terminaría con la garganta arruinada, resulta prácticamente imposible pensar que alguien haya podido marcharse decepcionado de El Teatro. Sin lugar a dudas, una de las mejores visitas internacionales de esta primera mitad del año. Ahora preparen las billeteras para Anathema, que viene en octubre.
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