Revista El Bondi - 15 AÑOS DE ROCK
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DIO

Long live Ronnie James!!!

Cronista: Gentileza: Pablo Gabriel Krause | Fotos: Beto Landoni

20 de Julio, 2006

Long live Ronnie James!!!

Para muchos, la mejor voz del heavy metal. El petiso Ronnie James Dio volvió a pisar suelo nacional, una vez más en el mítico Estadio Obras. Una leyenda viviente, que parece inmune al paso del tiempo

¿Cómo explicar el aporte de un tipo como Ronnie James Dio a la historia de la música pesada? “La Voz del metal” rezaban algunas publicidades, y si bien es un título discutible, no caben dudas de que el petiso merece, cuanto menos, un lugar en el podio de las más gloriosas voces con las que haya contado este estilo. No sólo por su capacidad vocal, sino por la influencia que marcó sobre una generación entera de músicos, y su vigencia aún hoy, a treinta años de su primer aparición como vocalista de Rainbow

Antes de la llegada de DIO, se anunciaba con bombos y platillos la presentación de Eidyllion, banda próxima a editar su primer disco, que contó con un estadio casi repleto al momento de pisar las tablas. Si bien hay que destacar una propuesta bien lograda, y una sólida defensa en vivo de esa propuesta, también es cierto que el terreno en el que se desenvuelven ya tiene una larga huella, tanto en el ámbito local como internacional.

Uno de los factores que marcó la noche fue el espectro de edad que se desplegaba en el público. Desde algunos “recién ingresados” al mundillo del heavy metal, que acudían seguramente a oír por primera vez a una de las voces más emblemáticas del género, hasta aquellos heavys, hoy devenidos en tipos de familia, que se escaparon de sus obligaciones tanto laborales como conyugales para volver a revivir las sensaciones que, con muchas menos canas y el pelo más largo, les despertaban discos como Rising o Heaven and Hell.

Children Of The Sea, precisamente de aquella placa que marcara su debut en Black Sabbath, sería el encargado de abrir la noche. Como era de esperarse, cualquier melodía que se acercase a lo tarareable era acompañada por todo el estadio, que recibió al maestro con un mar de cuernitos en alto, invención precisamente, de quien se encontraba sobre el escenario.

Después llegarían, al igual que en el memorable The Last In Line, I Speed at Night y One Night In The City, uno detrás de otro. Misma fórmula, pero esta vez tres al hilo, para los temas que abrían su primera placa: Stand Up and Shout, Holy Diver y Gypsy. El solo de batería, a cargo del mítico Simon Wright (quien también pasara por AC/DC en los ochenta) sirvió para dar descanso a las gargantas, agotadas tras un setlist que apuntaba directo al corazón.

Si existiese una regla sobre “qué hacer tras un solo de batería”, seguramente diría que hay que volver con algo que pueda poner a la gente devuelta bien arriba, y qué mejor entonces que Sunset Superman, para luego sí, dar paso a una hermosa interpretación de Don’t Talk To Strangers. Y precisamente ahí, donde por primera vez el estadio ESTALLABA, llegó “lo que ustedes estaban esperando”: Rainbow In The Dark.

Después del obligado solo de guitarras y teclados, llegó la parte más emotiva del show. Man On The Silver Mountain fue el primer clásico de Rainbow en sonar, y enseguida un único grito envolvió a Obras: Long Live Rock & Roll. Por supuesto, no podía faltar el mayor clásico de su paso por Black Sabbath, el inmortal Heaven & Hell, con el estadio a oscuras y un reflector rojo sobre la cara de Ronnie James, que parecía el mismisimo demonio.

Sin embargo, un personaje de la talla de Ronnie James Dio merecía cerrar la noche con dos composiciones de su propio repertorio. Nuevamente emulando el mismo orden en el que abría su segundo disco, llegaron We Rock, y el tema que le daría nombre a aquella placa de 1984: The Last In Line.

Ronnie James Dio cargaba con un pesado antecedente: su última presentación por estas tierras había sido memorable. En aquel mismo lugar, con mayor capacidad en aquel momento, Dio había brindado dos años antes un concierto que difícilmente olvide cualquiera de los que colmaron el templo del rock aquella noche de agosto de 2004. De todas maneras, la mítica voz de quien integrara las filas de Rainbow y Black Sabbath en la década del setenta y principios de los ochenta, dejó sentado que a pesar de los años, la leyenda continúa. Larga vida a Ronnie James, no te mueras nunca enano.
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