Revista El Bondi - 15 AÑOS DE ROCK
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Buen día ojo tuerto

Cronista: Pablo Andisco

20 de Abril, 2010

Buen día ojo tuerto

En su tercer trabajo, el cuarteto ofrece diversas variantes de la canción rock.

Formado en 2003, Chúcaro arriba a este disco en un muy buen momento de su carrera. Con unos cuantos shows encima y con las buenas críticas recibidas por Atitayteté (2007), la banda editó el año pasado Buen día ojo tuerto, un álbum en el que sigue buceando en la canción rock de corte spinettiano con un poco de folklore, otro de electrónica y mucho swing latinoamericanista.

El responsable de las doce canciones del disco es el cantante Julián Mourin, quien además se encarga de guitarras, teclados y programaciones; y algunos giros de su voz ayudan a la asociación con el Flaco. La banda se completa con Roberto Connolly en guitarras, programaciones y coros, Mariano Loredo en bajo y coros y Nicolás Soares Netto en batería, percusión y coros: No es casual que los cuatro integrantes aporten voces: en los arreglos vocales se halla uno de los encantos del cuarteto.

Según aclaran en el booklet, no es que el ojo en cuestión no vea porque no puede sino porque no quiere. De allí que “Evasión” sea más que el título de una bella canción, primero agradable y climática y luego alientante: sin ser un concepto, es un elemento recurrente en las letras del disco. Y “Elogio de la incomodidad”, el primer tema, sacude esta impresión con voces y guitarras despojadas, una constante de la placa. “Todo rima hoy”, con sus guitarras limpias y acordes claros trae la primera remisión a Spinetta, sumado a una lírica sobre el actual desencanto poético.

“Sueño o vigilia” es una muestra de la inquietud musical de Chúcaro, con buenos pasajes de percusión, cortesía de Mariano Cantero y Gabriel Spiller, y las programaciones acentuando la belleza de la melodía con paisajes tropicalistas. “Cuidado con el coco” es la mejor canción del álbum: la voz invitada de Martín Buscaglia funciona como cruza imaginaria entre Spinetta y Eduardo Mateo. El mismo sentimiento rioplatense y melancólico se manifiesta en “Detrás del portal”, con la guitarra de Nicolás Ibarburu mostrando todo su talento. “Flor de mazapán” cierra este segmento y se destaca por el riff melódico repetido por guitarras y teclados.

En poco menos de dos minutos, “Ceniza despedida” proyecta las intenciones acústicas de la banda, con pianos a lo Páez y una percusión final que se funde con la intro power de “Olor a plástico”, una reflexión sobre el tedio mediático. La suavidad interpretativa de “Llevan el juego” la convierte en un elogio de la canción de amor pop, que se hace manifiesto en “Níspero” y su frase emblema (“soy feliz cantando melodías”) y transmite bossa en “Tus campanas en silencio”, otra vez con la percusión de Cantero (del destacado grupo Aca Seca) y una multitud de voces en un coro que queda rebotando una vez que aparece el stop.
 
Spinetta, la bossa nova, Eduardo Mateo, lo telúrico y lo electrónico son algunos de los elementos del universo que Chúcaro muestra en su tercer disco.

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