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Sergio Rotman

Odio: Rotman en estado puro

Cronista: Sergio Visciglia

16 de Junio, 2021

Odio: Rotman en estado puro

El segundo trabajo solista de uno de los músicos más inquietos de la escena nacional nos regala su profunda oscuridad iluminada por los tiempos de pandemia.

El odio es el sentimiento más genuino que tenemos, el motor que nos da energía para seguir adelante, aunque Sergio Rotman lo elija más por el costado estético de su significado (y significante). “El odio es el único sentimiento que conozco”, explicó en una entrevista y nos sumergimos en su oscuridad.

Tal vez la canción más pop del disco sea la que abre la escucha, "Diamante", con la fuerte presencia de la voz de su compañera Mimi Maura, las teclas de su hijo Leroy y la rotunda frase “lágrimas de esclavo”, que ya nos introduce en el mundo Rotman que venimos a buscar. Lo encontramos completo en “Aves de rapiña”, post punk por excelencia para dividirnos por la felicidad y recordar, como auguró alguna vez el Bocha Sokol, que la presa somos nosotros y los buitres siempre estarán rondando alrededor para comer los restos de lo que alguna vez pudimos ser.

“Cielo parcialmente nublado” y “Cielo azul” se contraponen en título y también en estilo. Uno es un dub algo remixeado con timbales resonando y el otro un punk bien hardcore, de la vieja guardia de Cienfuegos. Y lo es en todo sentido, desde su duración de un minuto hasta que se toman dos compases de la bata de la intro del disco debut de la banda para darle base al tema.

Si en la obra viajamos todo el tiempo atravesando el post punk, “Pacto de no agresión” sería algo así como un post pop a fuerza de dos bajos más guitarra portuguesa, triple y bandola a cargo del bajista del disco, Álvaro Sánchez, compañero en El Siempreterno. Y así repite la base del primer trabajo solista, ya que también participa el baterista Gabriel Muscio. Los guitarristas desfilan según el tema: Pablo Martín, Hernán Espejo, Ariel Minimal, Saúl Díaz de Vivar, Gonzalo Campos, Florián Fernández Capello, Chivas Argüello, Matías Cugat y Diego Aloé.

En 53 segundos “Hannet” retrata una historia entre el ingeniero de sonido de ese apellido y los Joy Division para darle lugar rápidamente a “Vladivostok”, rock viajero para menear la cabeza de un lado hacia el otro en dos tiempos. El destino final del famoso transiberiano no puede terminar bien: “La estepa rusa crucé sin sueños y sin porvenir, cargando la cruz y la fe”.

“Ido” es Rotman 100%. “En las cenizas de mi conciencia surge esta canción”, arranca y todo es de él, ya sea ese de aquellos tiempos apocalípticos y existencialistas de Cienfuegos o este, componiendo casi todo el disco en pandemia. Temazo con un gran solo final a cargo de Pablo Martín.

“Siempre es necesario un tema lento, tonto y horrible”, tiró Sergio en sus redes sociales acerca de “Morirse”. Pero sabe que hizo una emocionante y bella canción. Dan ganas de hacer una peli con final triste para ponerla en los créditos mientras todos lloramos. Y después de un momento meloso, nada mejor que un punk rock clásico, relatando una separación y una “Casa” que la vemos pero ya no es nuestra (“dejé todos mis discos ahí”).

El disco lo cierra “Finalmente”. ¿Podría haber sido parte de La Salvación de Solo y Juan, de Los Fabulosos Cadillacs? No lo creemos, pero Rotman confesó que lo compuso para la ocasión y todos ya pensamos en cómo hubiera quedado con Vicentico. Lo cierto es que la voz del autor es perfecta para culminar una de las mejores obras de 2021. El apocalipsis está entre nosotros y nada mejor que escuchar, repletos de odio, a nuestro profeta guiarnos hacia el fin de los tiempos. La vida dura solo un segundo.

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