Revista El Bondi - 15 AÑOS DE ROCK
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Héctor Starc

"Jimmy Page no podría llevarle ni el amplificador a Pappo"

Cronista: Manuel De Simone | Fotos: Gentileza prensa

03 de Agosto, 2017

"Jimmy Page no podría llevarle ni el amplificador a Pappo"

Entre la crítica y la añoranza, el guitarrista desanda una extensa trayectoria plagada de anécdotas, proyectos y colaboraciones. "Ser un buen violero no te asegura que no termines acompañando a los Pimpinelas", confiesa.

Héctor Starc fue guitarrista de Aquelarre y Tantor y tocó con casi todos los músicos de su época. En 2013, después de décadas en la música, editó su primer y único disco solista, titulado simplemente Héctor Starc. Tocará el viernes 4 en La Usina del Arte, junto a su banda, Los Repartidores, y se presentará en la quinta edición del B.A. Rock, en compañía de Black AmayaMachi Rufino y Ciro Fogliatta.

Por eso, conversar con Starc es repasar de manera obligada gran parte de la historia del rock nacional. Es recordar amigos, anécdotas y reflexiones. En cualquier hueco de su departamento ubicado en avenida Maipú, en Vicente Lopez, uno puede encontrarse con infinidad de instrumentos y equipos: una viola de Pappo, uno de los bafles de Almendra, la guitarra con la que Spinetta grabó Artaud o un cabezal de amplificador de Jaco Pastorius. “Este bafle lo trajo Ricardo Soulé, de Inglaterra, en el 71. Se lo vendió a Luis Alberto, que lo dejó en un negocio. Ahí lo compré yo, que se lo vendí a Pappo, pero después me lo devolvió, porque no lo quería”, cuenta Héctor. “Lo más histórico que tengo es esto, con esto empezó todo”, dice y señala un órgano Farfisa, con el que Ciro Fogliatta  grabó “La Balsa”. Y completa la historia: “Estuvo abandonado cuarenta y pico de años en los estudios TNT. Era el órgano del estudio, imaginate que Los Gatos hacían seis shows por noche, el de ellos estaba destruido”.

-¿Con qué se va a encontrar la gente en el show de La Usina?

-Después de no tocar algún tiempo, tengo varias ramas diferentes: con Los Repartidores -formada por Diego Hiriart en batería, Javier Fernández en bajo, Javier Fernández Quinteros en guitarra- haremos los temas míos y los que están en el disco; tocaremos un blues de David Lebón, "Copado por el Diablo"; invitaremos a Rafaél Nasta, que para mí es el mejor guitarrista que hay acá, y a mi hija, Leticia, que es cantante y hará un tema de ella. Para terminar vendrán Rodolfo García Emilio del Guercio, con quienes repasaremos tres temas de Aquelarre, una suerte de homenaje a Hugo González Neira -cuarto integrante de la banda-, que murió el año pasado. Es raro saber que ya no vamos a tocar más con él, aunque jamás pensamos en hacerlo de nuevo. Mi idea era que también toque Edelmiro Molinari, porque entre los integrantes de Almendra y Aquelarre ahora somos cuatro: Edelmiro, Rodolfo, Emilio y yo. Pero con Molinari no llegamos a ningún entendimiento. En realidad, nunca nos llevamos muy bien. 

-La otra fecha que tendrás será en el B.A. Rock, festival en el que ya participaste

-Claro, estuve en el 70. Pasaron 47 años, y no lo puedo creer. Es una alegría porque en mi vida ocurrieron cosas por las que debería estar muerto. En el 71 también estuve, pero no en el 72, porque ya estaba con Aquelarre y no llegamos a ningún acuerdo, de guita o de fechas. No recuerdo. Y abrí el del 82 con Lebón, Rino Rafanelli y Oscar Moro. En ese de colado estuvo Spinetta. Ensayábamos en El Cielito, de Parque Leloir, y apareció Luis y se metió en la sala a cantar, como si fuera del grupo. Y dijo: "¿Mañana a qué hora?". Nadie lo había invitado. ¿Y qué las vas a decir? Aparte de ser Spinetta, era nuestro amigo. Al otro día apareció en el B.A. Rock, pero mirá lo piola que era, que no llevó guitarra, para ver qué pasaba. Nos tiró la pelota a nosotros. Por supuesto que después subimos todos a tocar.

-Y ahora vas a estar en la edición  2017.

-Estoy entusiasmado, como si tuviera 15 años. Cuando éramos chicos teníamos un trío con Black y Machi, que por varios motivos nunca pudo presentase en vivo. Así que el Starc Trío original va a debutar 50 años después. Y se suma Ciro Fogliatta, porque soy un enfermo del Hammond y él es el que más lo domina. Sólo resta ver si llegamos todos con vida al festival.

-¿Cómo te llegó la invitación?

-Esta no es la primera vez que se intenta hacer. En todos estos años hubo muchas intenciones. Me llamó Daniel Ripoll un par de veces y el año pasado lo hizo Alejandro Pont Lezica, que para mí era un DJ, pero el mono tiene una productora. Porque, que te llame Pont Lezica para tocar en el B.A.Rock, parece una joda. Se supone que te tiene que llamar alguien como Billy Bond o una cosa así, porque el mono no viene del rock. Pero está bien, porque Alejandro siempre está metido en todo y es de esos tipos a los que les gusta hacer cosas y creo que eso es muy importante: transformar una idea y que se haga. En esta oportunidad no abro porque es un acontecimiento histórico. Yo quería que toquen los tipos que hicieron esto. Ciro Fogliatta es el inventor de Los Gatos, él empezó todo con los Wild Cats, en Rosario. Litto Nebbia cayó después, porque su cantante entro en la colimba. Y a los dos días Nebbia, que tiene las bolas bien puestas, les dijo: "Loco, dejémonos de joder y cantemos en castellano". Que habrá sido tremendo, porque era un pendejito y ellos eran más grandes.

-¿Vos los convocaste a ellos para esta banda de históricos?

-Digamos, el contratado por el festival soy yo. Soy el responsable inscripto ante la AFIP. Podría haber ido a tocar con cualquiera, pero para mí esto es un evento histórico.

-¿La producción los hubiese convocado a ellos?

-No sé, porque desconozco qué proyectos tienen ellos. Creo que me llamaron para que organice esto, porque lo hice en todos los B.A.Rock que estuve. Esto que vamos a hacer es como una cosa de museo, que suben cuatro tipos a tocar la música que arrancó acá. Todos los temas que vamos a hacer son grabaciones nuestras. Abriremos con "Lágrimas de María", de Los Gatos; "Despiértate Nena", de Pescado Rabioso; "Durazno Sangrando", de Invisible; "Aventura en el Árbol", de Aquelarre; y "A dónde está la libertad", de Pappo’s Blues. O, sea, nada de Manal o de Vox Dei.

-¿Ya están ensayando?

-No, lo que pasa es que el Negro Black vive en San Luis. Supongo que ensayaremos una semana antes del evento. El Negro va a venir a vivir acá, conmigo. Imaginate, nos conocemos desde 1966 y con Machi desde el ‘67. Aparte, son tipos con los que es imposible sonar mal. Pero no es porque toquen bien. Ahora los jóvenes tocan mejor que nosotros: cuentan con internet, guitarras Fender, todos tienen todo. Nosotros no teníamos ni púas. Pero la intención no es la misma, ¿entendés? Pedro Aznar tocaba en Serú Girán con un bajo Faim, que puede costar como mucho 30 australes. Brian May toca con la guitarra que le hizo el padre con la puerta de un placard de la mamá, y nunca la cambió, y creo que debe tener guita como para comprarse una Fender. Spinetta decía que, si desenchufabas a Machi, el loco seguía sonando igual. En el recital de Las Bandas Eternas (2009), el canal de monitoreo del bajo era el 16, todos los bajistas tocaron en ese. Estuvo Guillermo VadaláJavier Malosetti y cuando subió Machi, Spinetta pensó que habían subido el volumen del bajo y no, ¡eran los dedos del tipo!

-Si hablamos de compartir escenarios, a vos siempre te marginaban de la zapadas que se hacian en La Cueva, pero Pappo te hizo un lugar, ¿no?

-En esa época con Black íbamos siempre , pero nunca podíamos tocar. Para eso tenías que ser Almendra o Pappo, que subía como invitado de Manal. Recuerdo que un día salí de ensayar con Black y Machi -aunque nunca tocamos en vivo, sí grabamos en el primer demo de Pipo Pescador- y me subí al colectivo 99. Me senté atrás de todo, donde van los quilomberos. En la otra parada subió Pappo con la guitarra y se puso al lado mío. Y me dijo: "Yo a vos te conozco. Vos vas a La Cueva y ahí son todos unos hijos de puta que no te dejan tocar. Hoy vas a tocar". Llegamos a La Cueva y no quedó nada. Desde ese día soy Héctor Starc. Pappo era un divino. Siempre hago una diferencia entre Norberto Napolitano y Pappo, eran dos cosas diferentes. Para mí Pappo fue un personaje que él se inventó y lo he podido comprobar muchas veces. Era un tipo de gran corazón, un tano divino, pero ese era Norberto. Lo groso es que musicalmente siempre fue Pappo. Él, antes de tocar con Los Gatos, ya era conocido como tal. ¡Nació así! Estos tipos que tocan bien, no sé cuándo aprendieron. Mirá, cuando lo conocí a Lebón, él tenía 15 años, y vos no sabés lo que tocaba y lo que cantaba.

-Casualmente, vos hiciste lo mismo con David, lo invitaste a subir al escenario cuando nadie lo hacía.

-Con David pasó algo parecido en un local que se llamó La Manzana. Cuando cierran La Cueva, Billy Bond y otro más abrieron La Manzana, un boliche sobre Ayacucho y Las Heras. Una vez vino el mono con ese look flaquito, flequillito. No tenía nada que ver con los argentinos. Pappo y yo queríamos tener ese look británico. Ahí hacíamos zapadas de tres horas. Terminamos de tocar y aviso que voy a invitar a un amigo al escenario. Le presté la Gibson dorada a David y, cuando subió, el resto de los músicos lo dejaron solo. ¡Y no pudo tocar! Entonces, al día siguiente, le dije: "David, vos quedate al lado mío, acá, al costadito del escenario, que yo te voy a pasar la viola, pero en el medio de un tema". Así los músicos no se podían ir. Le pasé la guitarra y me fui. El quía empezó a tocar y a cantar en inglés y la gente se murió. ¡David lo cuenta siempre, ya me tiene podrido! No, está bien. A mí me gusta que sea agradecido. En cambio, a Pedro Aznar le presenté a Pat Metheny y nunca me dijo nada.

-Alguna vez dijiste que eras un guitarrista de banda. ¿Cuándo entendiste esto?

-Cuando empezamos con Aquelarre, porque antes era un descontrolado que no paraba de tocar nunca. Rodolfo y Emilio me enseñaron mucho, porque ellos venían de un grupo como Almendra, que era híper profesional y ensayaban 72 horas por día. Además, experimentaban mucho. Por eso Almendra no se parecía a nada, ni a una banda extranjera. Emilio tenía 20 cuando empezamos Aquelarre. O sea que en esos pocos años habían hecho toda la historia. Ahí me di cuenta que era otra cosa: yo hacía un solito que eran cuatro vueltas, no eran cuarenta mil, después la voz de Emilio, y luego un arreglito. Empecé a ver cómo era el asunto. Siempre supe que no tenía el talento necesario para encarar una carrera solista. Ser un buen violero no te asegura que no termines acompañando a los Pimpinelas. Por eso yo admiro a los tipos que componen. Mirá a Bob Dylan, a Charly García, a Fito Páez, que para mí fue el último compositor que apareció. ¿Quién más? Cerati, pero no les llega ni al dedo gordo a los que mencioné. Tenía talento y era creativo, pero no era Fito, ni Charly, ni Spinetta.

-Para vos murió con Fito.

-No conozco mucho de ahora. Lo que pasa es que yo me doy cuenta tarde de todo. Por ejemplo: ahora escucho a Los Abuelos de la Nada con Calamaro y me parece Genesis. ¡Y en su momento me parecía una cagada! Siempre pienso que hay una crisis compositiva, que no hay canciones. Pero seguro que debe haber gente haciéndolas, aunque no pueden llegar. Porque todo lo que es rock ahora, es lo que en mi época era la música comercial: Los IracundosBananaJarabe de MentaPintura FrescaSalta Pequeña LangostaLos NáuticosTrocha Angosta; los odiaba a todos. Y los tipos que están haciendo cosas de vanguardia, como nos pasó a nosotros, no tienen manera de salir, de mostrarse.

-Hablás de vanguardia y es imposible no relacionar el concepto con Pappo. ¿Cómo lo recodás?

-Él fue un tipo que a fines de los ‘60 tocaba mucho más que cualquier inglés. Escuchá "Stratocaster Boogie", por ejemplo. Lo que pasa es que nunca le dio el bocho, porque con tocarte todo no hacés nada. Por eso, o tenés un manager que sea un genio, que acá todavía no se inventó, o te la arreglás vos. Igual, escuché a Jimmy Page y el tipo no le podría cargar ni el amplificador a Pappo.

¿Ustedes eran conscientes de la historia que escribían?

-No, lo único que queríamos era tocar y no nos interesaba más nada. En la época en la que Pappo integraba Los Gatos, nos pasaba a buscar con un Falcon y nos íbamos a salas de ensayos de otros. No sabés lo que era. Pappo decía: "Vamos a Bernal, que hay unos pibes que me invitaron". E íbamos. No llevábamos ni guitarras, ¿te imaginarás con las cosas que tocábamos, no? Los monos nunca se quejaron, jamas dijeron "esto es una mierda". La onda era tocar, nadie estaba viendo cómo le quedaba la pilcha.

-Por último, ¿qué destacarías de tu museo de instrumentos? 

-Todo el mundo quiere la guitarra de Eric Clapton. Pero acá (por su casa) hay guitarras de Pappo, de Charly, de Spinetta. Lo único que tengo que no es argentino es el ampeg de Jaco, que eso lo dejó en Argentina y me quedó de casualidad. Cuando Pastorius tocó acá, se lo compró Daniel Milrud, que era sonidista. Y también tengo una SG, que era de Angus Young y que conseguí por medio de un coleccionista estadounidense. 

*Viernes en La Usina del Arte, Agustín R. Caffarena 1. A las 21.


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