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Juancín

Juancín y su obsesión por la alta fidelidad

Cronista: Lucas González | Fotos: Paula Ruiz

22 de Febrero, 2020

Juancín y su obsesión por la alta fidelidad

En su nuevo disco, Quiero decir todo (2019), el ideólogo de Cultura Rap toma distancia del ruido las batallas de freestyle y se pone introspectivo.

Aunque desde hace algunos años es una palabra autorizada dentro del freestyle local, regional e internacional, debido en parte a sus sesudos análisis en YouTube, la identidad musical de Juancín poco tiene que ver con los géneros urbanos que se relacionan al mundo de la improvisación. “Es que vengo de otro lado”, se ataja y señala, con la misma meticulosidad con la que vota en la FMS Argentina, que su educación sentimental está conformada por “mucho” rock nacional, pop e indie.MGMT, Louta y Charly García condensan mi formación solista”, reconoce y agrega que recién en los últimos años, cuando incursionó de lleno en la batalla de gallos, adoptó elementos del rap y trap.

-¿Cómo te llevás con el reggaetón?

-Tenía una relación de bastante negación y desprecio. La consideraba música comercial, de boliche. No me interesaba, más allá de alguna que otra cosa que me podía llegar a divertir. Ahora cambió un poco mi visión, porque de pronto entendí lo que significó para la movida de la música urbana. No escucho en mi día a día, pero comprendí mejor a Daddy Yankee, sus melodías, lo genio que es como compositor. Bad Bunny me parece muy bueno también. De pronto, hay ciertos costados de este reggaetón moderno, retomado por los artistas actuales de trap, que sí me parece que tengan cosas interesantes. Incluso, con Chic Dorapa (NdlR: dúo de rap experimental que lleva adelante con Egno) estamos laburando algo que va por ese lado.

La anteúltima siesta de enero es calurosa y Juancín no parece percatarse. Está presente en cuerpo y alma, pero con la cabeza funcionando a mil, repasando mentalmente todo lo que le depara el calendario. “Disfruto mucho de crear, de emprender, de hacer. Soy bastante apasionado y obsesivo con mis proyectos. Voy a full con lo que me interesa”, comenta el artífice de Cultura Rap, competencia que tomó la posta del legendario Quinto Escalón y que en marzo iniciará su segunda temporada: “Conseguimos que sea un lugar en el que los competidores se sientan cómodos”.

-¿Batallaste alguna vez?

-Cuando empezamos a conocer el mundo de las batallas de freestyle organizamos una competencia con amigos. Era privada y cerrada. Hicimos dos ediciones, gané una final y otra la perdí contra Egno. Me gusta el misticismo acerca de que nadie sepa cómo improviso. Aunque hubiera sido interesante, cuando encontré mi lugar como juez y analista sentí que era muy difícil seguir compitiendo, dado el perfil que había generado.

Ante cada pregunta, piensa. Debate consigo mismo. No le sobra tiempo, pero se toma un momento para reflexionar y responder con una frescura que contrarresta la elevada temperatura ambiente. “Es difícil sacar un álbum que te represente y que sea contemporáneo, porque para hacerlo bien necesitás tiempo y eso nunca es fácil”, admite y reconoce que el flamante Quiero decir todo (2019), subido en las plataformas el 29 de diciembre, tendría que haber salido mucho antes, pero su agenda le jugó una mala pasada.

-¿Cómo te manejás con el tiempo?

-A veces me doy el lujo de no serlo, pero en general soy bastante organizado. Sobre todo desde que dejé de laburar en relación de dependencia y tomé las rienda de mi vida. Tenés un bichito que te pica y te dice: “Ahora todo depende de vos”. Es más difícil quedarse quieto. Entonces, trato de mantenerme al día con todas las cosas que me interesan y soy muy autoexigente conmigo mismo, me castigo más de lo que debería.

-Si tu día tuviera más horas, ¿en qué las invertirías?

-Seguramente en producir y hacer más música. Es un campo que me interesa y que construí con mucho amor, donde se me abrieron posibilidades, pese a que el mundo de las batallas y del análisis a veces no me deje mucho tiempo para componer.

El ex co-conductor del programa radial DAMN! produjo su álbum en solitario. “Tiene sus limitaciones no contar con una segunda mirada, pero a la vez lo hace súper genuino y fiel a uno mismo. Me gusta la cuestión autosuficiente, sentir que de principio a fin todo tiene que ver conmigo”. Desde su home estudio, y sin abusar de los sintetizadores ni del Waves Tune, orquestó un trabajo que suena moderno, digital y humano, que remite vagamente a su antecesor, Planeta (2017), y al mismo tiempo rompe con una mecánica de laburo. “Me animé a componer desde la computadora, buscando un beat o un sonido. Y si bien me descolocó, salieron cosas que me coparon”, revela y usa de ejemplo la robótica “Quemenme”. Al respecto, apunta: “Puede resultar abrumador, porque las posibilidades son infinitas, pero el desafío no deja de estar buenísimo”.

Egno confirma que su colega y socio es un “creador de contenidos nato” que después de 20 años de amistad lo sigue sorprendiendo por su capacidad administrativa. “Vuelca en el arte su forma de actuar. Proyecta, organiza, ordena e imprime. Es un cóctel de emoción, influencia y obsesión. ¡Puede estar siete horas buscando el sonido de un bombo! Encima tiene una sensibilidad enorme y es pura solidaridad. En medio de su organigrama, siempre está dispuesto a integrar, invitar y mostrar”.

Más allá de cómo suena y las herramientas utilizadas, Quiero decir todo funciona como “una carta de presentación” o “un ejercicio de introspección” en el que Juan Goldberger, la persona que carga con el alias, exterioriza lo que siente. Otra vez, piensa. “En Planeta me escondía detrás de esos universos que creaba con capas de sonidos. No digo que ahora tenga letras súper transparentes o directas, pero sí traté de condensar el mensaje de una manera más concisa. Salí de la concepción abstracta y fui por algo más concreto. Mi carrera lo necesitaba”

Esquivando las imágenes y lo impreciso, aquello que se esconde, ronda y materializa en la imaginación, ese lugar indeterminado en la mente, Juancín optó por escucharse y mostrar lo que es, lo que le molesta y lo que quiere. Porque si Walter Lezcano escribe para ejercer su libertad y Pablo Ramos para civilizar el dolor, él lo hace para conocerse. Así, con frases sintéticas y de alto impacto (“si me la paso en la computadora, es porque quiero convertir la silla un trono”; “colecciono llantos que mi propio cuerpo censura”; “el celular no representa las ganas que tengo de verte”), resume el espíritu de una época y dialoga con autorxs contemporánexs: Alejandro Schuster (Viva Elástico), Santiago Barrionuevo (El Mató), Marina Fagés, entre otres.

-Para bien o para mal, gracias a tu canal de YouTube, a Cultura Rap y a que juradeas en la FMS, desde hace dos años estás mucho más expuesto. ¿Cómo te llevás con el ego?

-Es algo con lo que hay que tener cierto cuidado. Es verdad que te inyecta una cuota de euforia y seguridad, y que de repente en muchos casos está buenísimo, pero en otros tenés que medirlo y cuidarte.

Por ejemplo…

-Por cuestiones de votos en la FMS, a principio de 2019 me heitearon mucho. Nunca me había pasado algo así, que gente hable públicamente mal de mí. Hasta me llegaban mensajes a Instagram. En ese momento me sentía súper mal, no quería hacer más nada. Quería olvidarme de toda la figura que se había construido en torno a Juancín. Después la situación se revirtió, pero me enseñó a tener cuidado con los estados. Ser medido y entender que va fluctuando mucho a lo largo de las etapas que se transitan.

-Hablando de etapas, antes componías desde la guitarra, que por mucho tiempo fue tu instrumento madre.

-Sí, pero cada vez estoy dependiendo menos de ella...

-¿Referentes?

-Siempre me gustó Mark Knopfler, de Dire Straits. Toca con los dedos, igual que yo. Nunca me pude acostumbrar a la púa.

-¿Cómo y cuándo llegaste a tener una banda de rock progresivo?

-Mi viejo y mi tío, al que le robé varios discos, eran fanáticos de Emerson, Lake and Palmer, Yes, Camel, Jethro Tull, Genesis, que nunca me entró mucho. Me volví súper nerd y con cuatro amigos de la secundaría armamos en 2012 el grupo Error 404. Duró hasta el 2015: tocamos en vivo varias veces y hasta hubo un intento de regreso en 2016 que fracasó.

Con un pasado en la publicidad, donde aplicó sus estudios en sonido e imaginó su presente, hoy Juancín se entusiasma con el futuro. Trabaja en dos canciones -una de ellas junto a su coequiper Egno- que continúan la línea evolutiva de su impredecible obra. “Lo nuevo suena más ganchero, grande y pop”. Entre tanto, planifica. Diagrama una eventual presentación del material: “No me interesa generar un universo totalmente distinto en vivo. Al contrario, quiero hacer algo bastante minimalista, que me permita ser lo más fiel posible al sonido del disco”.

-En “La selva a la noche” cantás: “No hace falta fe, no hace falta reclamar tirando cartas por doquier, esto se trata de actuar”. Llama la atención, entre todas las palabras, la utilización de “fe”.

-No tengo una explicación muy lógica y fuerte en realidad. Apunta a que las acciones terminan estando por encima de todo. Valen más de lo que digas, expliques, creas y demás.

-No obstante, “La historia” plantea que hay un “Dios que va a juzgar tu felicidad”. ¿Cuál es tu relación con la religión?

-No creo en Dios y no me gusta la iglesia como institución. Me parece que hizo mucho daño a lo largo de toda la humanidad. Igual, que cada uno crea en lo que quiera. Respeto.

-Siendo tan analítico, ¿cuál es tu relación con la muerte?

-Por ahora la veo lejana. Si bien la idea de desaparecer por completo y perder todo tipo de conciencia y existencia plenamente en esta tierra es bastante fuerte y cruda, tampoco me genera ansiedad. Trato de tomarme la vida como un espacio limitado y finito, que debemos aprovechar para hacer todo lo que se nos ocurra. No tiene que quedar nada en el tintero.

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