Revista El Bondi - 15 AÑOS DE ROCK
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La Problematica de tocar en Capital Federal

Cronista: Gentileza: Gaston Magallanes | Fotos: Beto Landoni

01 de Abril, 2008

La Problematica de tocar en Capital Federal

La tragedia de República Cromañon marcó un antes y un después, sin excepción, para todos los grupos de rock en Argentina. Especialmente en Capital Federal las bandas cuya convocatoria superaban las 2000 o 3000 personas se fueron adaptando paulatinamente a los cambios regidos desde el trágico 30 de diciembre de 2004. Fuese por el motivo que fuera a este tipo de bandas les resultó mucho más fácil reacomodarse en el nuevo plano artístico.  Tal vez porque pudieron tocar en lugares que se adaptaron sin mayores inconvenientes a los nuevos cambios y reglamentaciones propuestas por el Gobierno porteño. Pero, sin duda, los mayores perjudicados fueron los grupos de poca convocatoria. Los miembros del under musical.

Los inconvenientes que atravesaron y atraviesan los músicos del under para poder tocar hoy en día son muchos: no quedaron tantos lugares para expresar su arte, los locales que hay exigen arreglos muy desiguales para las bandas y desde el gobierno porteño no se ve ninguna intención de regularizar esta problemática. Hoy, después de tantas adversidades, la Unión de Músicos Independientes (UMI) logró que la Justicia declarara inconstitucionales tres normas que imponían duros requisitos para poder tocar.

Caza de brujas.

Después de la tragedia que enlutó al rock argentino hubo un primer momento de estupor y parálisis. Las clausuras de boliches dejaron al descubierto que Cromañón podría haber sucedido en cualquier momento. Los inspectores porteños salieron a clausurar a mansalva cualquier tipo de boliches. Luis Pezzetti, responsable de Ruca Chaltén, un local de San Telmo, aseguró tiempo atrás que “las inspecciones fueron persecutorias. Te trataban como delincuente o un asesino en potencia”.

El artículo 32 de la Constitución de la Ciudad, establece que la ciudad “garantiza la democracia cultural, asegura la libre expresión artística y prohíbe toda censura” y además “fomenta el desarrollo de las industrias culturales, crea y preserva espacios, protege y difunde las manifestaciones de la cultura popular”. Algo que no se respetó en lo más mínimo. “Se clausuró todo. El rock fue censurado y perseguido indiscriminadamente”, sentencia con vehemencia Leonardo Juliano responsable de Tabasco. Otra de las voces que repite lo mismo es Hernán Saravia, cantante de Pampa Yakuza: “La presión en su momento fue desmedida. Se perdieron fuentes de laburo. Tanto para nosotros como para la gente que trabajaba en estos locales. Hubo una cacería de brujas como si el rock fuese demonizado”.

Dueños de boliches, clubes de barrio y asociaciones de músicos denunciaron en su momento que fueron clausurados en forma indiscriminada pequeños espacios donde se toca música en vivo, casi siempre por motivos irrisorios como falta de agua caliente o por no tener dispenser de preservativos en el baño. Y encima las multas iban de 3000 a 6000 pesos o más, demasiado para un club de barrio.

Regulaciones que nacen…

Además de emparchar la legislación y las ordenanzas de habilitación, inevitablemente, desde el Gobierno porteño urgía la necesidad de crear algún tipo de regulación que se adecuara a los tiempos actuales. El primer paso fue la firma por parte del entonces Jefe de Gobierno Aníbal Ibarra del Decreto de Necesidad y Urgencia Nº 3 en el año 2005.

“Las peñas, los teatros independientes, las milongas se reunieron y crearon una cámara de bares. Ellos se juntaron y generaron una especie de habilitación provisoria con el decreto Nº 3”, explica Gonzo, guitarrista de Dr. Vidal. Y agrega que “con esto se regularon los denominados ´Club de Cultura´, es decir a las salas de teatro independiente en los que se realizan manifestaciones artísticas con participación real y directa de interpretes”. Pero los recitales de rock no estaban admitidos en este rango.

Entonces todos los lugares de rock empezaron a hacer habilitaciones provisorias, que se les dieron por un mes o a otros por una semana. Pero siempre se corría el riesgo de la clausura. No son pocas las voces roqueras que afirman que tanto los policías como los inspectores se fijaban en el Sí de Clarín dónde había un recital, llegaban y ponían la faja de clausura.

Cue$ta tocar la guitarrita…

En definitiva lo que sucedió fue que de esa gama quedaron todos los que pudieron ponerse en condiciones con las  nuevas reglas de habilitación: matafuegos, planos de arquitectos, bomberos, y demás. Con esto, sólo quedaron muy pocos lugares para tocar rock en toda la Capital. Entonces esos recintos terminaron cobrándoles a las bandas muchísimo más dinero que antes.

“Para una banda como nosotros que rondamos las 1000 personas, no hay tantos lugares. Básicamente hay 3: La Trastienda, The Roxy y El Teatro Flores. Después está el ND Ateneo, pero preferimos no tocar con butacas, si bien lo hemos hecho” se queja Hernán Saravia y recalcó: “Todo lo que tiene que ver con tocar en Capital sale una movida de guita importante. Y tenemos que rogar que la convocatoria ayude a solventar esos gastos”. “¿Cómo junta 1500 pesos para tocar en El Marquee una banda chica que lleva 60 personas?”, se enoja Gonzo.

Los inconvenientes no son menores. El futuro de cada grupo está en juego con cada presentación, no por el hecho de tocar bien o mal, sino por lo que cuesta solventar una fecha. “Las entradas que antes las cobrabas, por ejemplo, 3 o 5 pesos ahora las tenés que vender a 8 o 10 pesos”, afirma el violero de Dr. Vidal, y concluye: “Lo que pasa es que si vos la tenés que dividir a porcentaje con un bolichero 60-40 o 70-30 te mata (A modo de aclaración hay que decir que el porcentaje mayor es para el local). Una banda tiene que hacer afiches, prensa, flete, etc. Y, además, de ese arreglo lo más probable es que te cobren de ante mano una suma determinada para tocar independientemente de que llenes o no el lugar”. Un ejemplo de esto es lo que sucede en El Teatrito de la calle Sarmiento que exige a las bandas 3000 pesos y el 50 por ciento de la venta de las entradas.

Siguiendo esta línea el cantante de Pampa Yakuza afirma con resignación que “lo que a priori uno termina por renunciar con estos lugares que están habilitados es tu porcentaje de dinero. Si nos ponemos a pensar, nos damos cuenta que metimos 1000 personas y nos estamos llevando 1000 pesos. O sea, un peso por persona. ¿Y el lugar con cuánto se queda? La cosa está bastante despareja. El negocio para nosotros no está”.

En tanto Leonardo Juliano, de Tabasco, se defiende diciendo que “lo que sale para que un lugar esté habilitado la mayor parte de las bandas no tiene ni idea. Bomberos, seguridad privada, así miles de cosas”.

Lili, manager de Vinilos Blues, es más categórica: “Son todos chorros”, en referencia a los dueños de los boliches. Y con cierta bronca pone un ejemplo reciente: “Los Vinilos fueron a tocar a Chile en Febrero. Allá no sólo no les cobraron por tocar, sino que le pagaron 200 dólares a cada uno por presentación. Y fueron de forma independiente”. Y sentencia: “Allá, como en España, los dueños de los boliches les pagan a los artistas por tocar”.

La ley del músico

En el año 2005 mediante el decreto Nº 520 se reglamentaba la ley Nº 14.597, que había aprobado el Régimen Legal de Trabajo de los Ejecutantes Musicales, denominado “Estatuto Profesional del Músico”. Dicho decreto ponía en vigencia una norma que fue redactada hacía más de 50 años (cuando el rock en el país no existía) sin ninguna modificación, ni actualización. Esto generó un fuerte debate entre diversos músicos del país. La medida fue resistida por un amplio arco de artistas que en diversas y masivas asambleas explicitaron su rechazo a dicha ley, que data de 1958, porque excluía casi al 80% de los músicos porque no contemplaba las formas de trabajo de hoy en Argentina.

Finalmente, el ex presidente Néstor Kirchner el 22 de mayo de 2006 derogó la ley del músico. Y acordó -en un encuentro con artistas- la redacción de un proyecto de una nueva iniciativa que reemplace a la norma vigente. Al día de hoy nada se sabe de esto. 

Una batalla ganada…

El Tribunal Superior de Justicia de la Ciudad -la "Corte Suprema" porteña-, declaró inconstitucionales tres artículos de diferentes ordenanzas y resoluciones que establecían fuertes requisitos para permitir espectáculos musicales en pequeños teatros, clubes de barrio y sociedades de fomento. Este fallo, que nació de una demanda de la UMI, ahora les permitirá a los artistas tocar en más lugares.

El Tribunal consideró que los requisitos eran excesivos y dañaban el derecho de los músicos a trabajar. Ahora los músicos podrán volver a tocar en clubes sin necesidad del cronograma anual ni de tener que dar una lista previa de los integrantes de la banda, y podrá haber más de cinco grupos por noche, siempre y cuando los locales cumplan con las medidas de seguridad y tramiten anualmente una habilitación especial para organizar shows, que podrán realizarse de 20 a 2 de la mañana.


Un largo periplo…

Después de andar un camino sinuoso y complicado, muchos manager y músicos coinciden en que hoy a la hora de contratar un local para realizar un recital hay que pedir antes que nada la habilitación, pero también verificar y preguntar sobre el ingreso de menores, la capacidad del lugar, la venta de bebidas alcohólicas, entre otras cosas. 

La Pety de Mundo under afirma: “Cuándo salgo personalmente a buscar lugar para una banda, hoy por hoy lo primero que pido es la habilitación correspondiente, aunque me pongan cara de poker”, y continúa: “Después arreglo. Evito esos lugares que te hacen 70-30 por ciento. Me inclino por los lugares que ponen valor fijo y la puerta es, en su totalidad, para la banda. También me fijo si el sonido es bueno, si tiene batería, si incluye sonidista, las luces”.

En tanto Walter Cuzzolino, bajista y cantante de El Soberano, concluye en lo mismo: “Ante nada me fijo si el local está habilitado para estos eventos y no correr el riesgo de tocar dos temas y que venga la policía y clausure todo”.

En ejemplo de tantos es lo que le pasó en 2005 a Las Pastillas del Abuelo en la cancha auxiliar de Boca Juniors en un recital benéfico. Llegaron los inspectores a clausurar el lugar a la misma hora en que empezaban a tocar para 1000 personas. Entonces tuvo que salir la banda a pedir disculpas y a devolver toda la plata de las entradas y, por supuesto,   calmar las fieras. Ejemplos de estos hay cientos. Irreverencias de estas, por parte de los inspectores, pueden hacer que el público reacciones de diversas maneras. En este caso no paso a mayores.

La ley de la selva…

En conclusión, generalmente los máximos perjudicados son los grupos, en especial aquellos de poca convocatoria. Los arreglos entre bandas y bolicheros son siempre irregulares porque no hay ninguna legislación al respecto. Los convenios para tocar pueden ser para unos de una manera y para otros de otra. Según la cara del cliente. Mientras no haya un proyecto que se discuta en el ámbito legislativo, los músicos siempre llevan las de perder. La única manera que hay, por más que no guste, es la Justicia. Encima sabemos que la Justicia es injusticia. Y lo que generan es que para este tipo de arreglos prime siempre la ley de la selva.

Ilustracion: Raul Sanabria

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