Revista El Bondi - 15 AÑOS DE ROCK
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Amor eterno

Cronista: Ariel Andreoli | Fotos: Lucas González

17 de Marzo, 2016

Amor eterno

Se cumplieron 20 años de aquella mítica despedida de Ramones en el estadio de River Plate. El fervor argento por la banda es algo que los músicos nunca llegaron a comprender.

Queremos parar antes de no ser buenos”, le advirtió Johnny Ramone al periodista Marcelo Gobello, en una entrevista para la revista Madhouse, a fines de 1994. En ésta, el guitarrista casi sentenciaba que el año siguiente sería el último de la banda, pero que su idea era despedirse en Sudamérica, y que Argentina sería la elegida para el último concierto. Sólo se confundió en la fecha, pero todo lo demás era cierto, y más de una cresta se entristeció en las cabezas de los punks locales.

Desde su primer desembarco, en 1987, los Ramones se dieron el gusto de reventar Obras 22 veces (las últimas seis de manera consecutiva, en los primeros días de octubre de 1995), tocar en Vélez junto a Motorhead y hacer una pequeña gira por el interior del país, que pasó por Rosario, Mar del Plata y Bahía Blanca. Sin embargo, para que la despedida sea completa, el lugar tenía que ser inmenso y acorde a una banda de culto amada por los fans argentos. Entonces, se llegó a la conclusión: el recinto ideal era el estadio de River Plate, y la fecha elegida fue el 16 de marzo de 1996. 

Como no podía ser de otra manera, para acompañar al grupo se organizó un Festipunk, pero masivo: Superuva2 Minutos y Attaque 77 fueron los teloneros argentos, mientras que los alemanes de Die Toten Hosen y el eterno Iggy Pop serían los internacionales, quienes además se sumarían a la fiesta de la última gira ramonera.

Cuando la fecha se avecinaba, y la banda se encontraba en tierras brasileras, un hecho llamó la atención de los medios de comunicación locales: la empresa Coca Cola, sponsor del show en River, había realizado una promoción, en donde aseguraba que, juntando 10 de sus tapas amarillas, se otorgaría una entrada a cambio. El lugar de la entrega sería el cruce de las calles Lavalle y Florida, el 13 de marzo, 3 días antes del show.  
 
Los jóvenes llegaron con sus tapitas y nadie se hizo cargo de la situación. Las entradas no estaban. Fue ahí cuando comenzaron los destrozos al supuesto local de canje y a comercios aledaños. Minutos después, se informó que los tickets serían repartidos en el deposito que la empresa poseía en el sur de la ciudad. Más allá de los disturbios y de la mala organización, no cabía duda de que todos querían estar en aquella noche.
 
Finalmente, el 16 de marzo de 1996 llegó y, desde las 17, la trilogía local hizo lo suyo frente al calor infernal que azotó la ciudad. Pasadas las 19, los Hosen subieron para dar lo mejor de sí, y no defraudaron. Una hora y media después, Iggy, con un estado físico envidiable (que aún conserva), tocó sus canciones y la de los Stooges.

Estaba todo servido para ellos, The Ramones, y el final de su gira despedida. La introducción de "The Good, The Bad & The Ugly" sonó por los parlantes mientras la gente coreó un fervoroso “Ramoneees”. Lo que siguió fue el último comienzo demoledor de Joey Ramone (voz),  Marky Ramone (batería), Johnny Ramone (guitarra), y C.J.Ramone (bajo), con su clásico “One, two, three.. four!” y sus himnos “Durango 95”, “Teenage Lobotomy”, “Psycho Therapy” y “Blitzkrieg Bop” (el último “Hey, ho, Let’s Go!” original), de corrido.

Para mi primer show de ellos, recibí recomendaciones que sonaban a advertencia. Todavía estaban muy presentes los prejuicios hacia los punks, incluso entre gente acostumbrada a recitales. Escuché que era un público salvaje, y que había que tener mucho cuidado porque te mandaban al hospital. Sin embargo, el pogo fue apasionado, pero había una especie de hermandad, de tirar (o saltar) todos para el mismo lado, de cuidar al que se caía o se sentía mal”, recuerda María Inés Esteves, hoy traductora pública de inglés, que en aquella época era una adolescente con ganas de ver la leyenda punk. Y agrega: "Fue genial ver a la banda subir al escenario y tocar sin respiro, con el mismo aspecto que tuvieron siempre,  detalle que sumaba a la mística del momento". 

El recital duró alrededor de una hora y media -Telefé lo transmitió en vivo- y repasaron toda su discografía, que incluyó 34 canciones, con algún cover mediante. Primero fueron 26 temas de corrido, hasta llegar a “Pinhead”, donde subió el infaltable personaje con el cartel de “Gabba! Gabba! Hey!”. Tampoco tardó en llegar el cantico “Ramones no se va… No se va, Ramones no se va…”. Le siguieron tres bises, donde sonaron las restantes composiciones, y dio paso a un nuevo telón (todo el recital habían mantenido uno con el nombre y su logo) con la frase “Adiós amigos”. Ésta, no sólo era el nombre de su último álbum y de la gira, era un mensaje en español, claro, para uno de los países que más los amó. 

Imposible no mencionar que hasta uno de ellos vivió en Argentina. Dee Dee Ramone, co-fundador de la banda, se radicó un tiempo en La Plata y hasta tuvo un paso por Banfield. Lo extraño es que a pesar de vivir en estos pagos, no participó del show despedida. Según sus palabras, no le gustó el trato de sus ex compañeros y de los organizadores para con él  y por eso no subió a tocar “53rd & 3rd”. De hecho, ni siquiera se acercó al estadio. 
 
Otra de las anécdotas, es que supo ensayar con algunos integrantes de Embajada Boliviana, banda platense y de pura estirpe ramonera, con la que no llegó a tocar, pero le dejó un recuerdo imborrable a esos chicos que lo idolatraban. También tuvo una novia argenta, Bárbara Zampini, fanática del grupo con la que además de tener una banda (The Ramainz), llegó a vivir en Nueva York.  
 
Su estadía no fue eterna, porque el acoso de los fanáticos era constante, y él sólo buscaba la tranquilidad. Su final tampoco fue el mejor: una sobredosis de heroína se lo llevó en 2002, un año después de la muerte de Joey, a causa de un linfoma, y dos antes del fallecimiento de Johnny, que padecía cáncer de próstata. Tres años le bastó al nuevo milenio para llevarse a tres de los miembros fundadores. El restante, Tommy, falleció en septiembre de 2014. 

El resto de los músicos que formaron parte de la banda (MarkyC.J. y Richie) siguen viniendo a la Argentina, donde, además de tocar temas de sus carreras solistas, aparecen con joyas ramoneras, para saciar la sed de los más jóvenes que no los vieron, y para remover las neuronas de quienes vivieron el fervor a fines de los ochenta y mediados de los noventa.

No sé por qué a los argentinos les gustaban tantos los Ramones. Por supuesto, hay un poco de simple gusto musical, pero con esta banda iba un poco más allá. Quizás era lo que necesitaba la juventud en los 80 y los 90, en un país que había pasado por momentos oscuros y que descreía por completo de cualquier clase de gobierno y de todos los políticos. El punk funcionaba como una gran catarsis”, dispara María Inés, en una conclusión personal que cobra más sentido con el correr de los años. Lo que es inevitable fue la influencia que dejaron: gran parte del circuito punk local suele recordarnos a los muchachos formados en Forest Hills.
 
Un sonido rápido, tres acordes y estribillos pegadizos. Eso le bastó para influir a ciento de bandas por todo el mundo, y dejar una marca indeleble en el gen rockero argento. No importa la cantidad que haya asistido a River, porque cada uno de los espectadores se encargó de gestar el mito, el fanatismo, el amor y la pasión por esa banda de camperas de cuero, para pasárselo a las generaciones venideras. Por esa razón, es impensado estar en Argentina, ir a ver una banda punk, y que cientos de personas no coreen: “Hey, ho, let´s go!”. Los viejos fanáticos saben y sienten como el tango, que 20 años no son nada, y que no importa que hayan tocado un puñado de veces más después del show de River, porque la despedida realmente fue acá, y ese amor que gestaron, es para toda la vida.
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