Revista El Bondi - 15 AÑOS DE ROCK
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A rodar la vida

Cronista: Augusto Fiamengo | Fotos: Anabella Reggiani

03 de Abril, 2017

A rodar la vida

Para The Rolling Stones, 1971 significó un antes y un después en su historia: editaron el clásico Sticky Fingers, fundaron su propio sello discográfico y el mundo conoció el famoso logotipo que identifica desde entonces al grupo. Por si fuera poco, iniciaron su mítico exilio a Francia y compusieron lo que muchos consideran como su obra maestra: Exile on Main Street.

          Un año para recordar. Ningún conocedor de la extensa trayectoria de los Rolling Stones dudaría en calificar de esta manera a 1971, período que combinó un fuerte cambio de hábitos en el conjunto debido a su forzoso exilio en Francia con la aparición y la composición de discos que diversos críticos y fans consideran hasta el momento la cumbre del edificio compositivo construido por la dupla Jagger-Richards a lo largo de más de cincuenta años: Sticky Fingers y Exile on Main Street.
          Pero además, nacía el logotipo que identificaría a la banda alrededor del mundo hasta el día de hoy: la imagen de unos labios, con dientes, y una lengua colgante en blanco, rojo y negro. Provocador, símbolo de rebeldía frente al poder establecido, signo identitario de quien decidiera llevarla consigo en remeras, colgantes, y más hacia aquí en banderas y/o tatuajes, el logo fue atribuido al reconocido artista Andy Warhol, quien tuvo a su cargo el arte del álbum Sticky… Sin embargo, el diseño correspondió a Mick Jagger y el diseñador gráfico John Pasche, como homenaje a la lengua iconográfica de Kali, la diosa india de la creación, la vida y la destrucción.
           En un año repleto de hechos significativos para el grupo y cada uno de sus integrantes, resulta apropiado trazar una hoja de ruta sobre una época particularmente intensa para una banda con una historia de similares características.

 
Impuestos, despedida y exilio

          “En 1970 tuvimos un problema. Nos encontramos en una situación ridícula en al que Allen Klein (manager del grupo) nos tenía que prestar dinero que nunca podríamos permitirnos devolverle porque él no había pagado los impuestos y en cualquier caso nos lo habíamos gastado (…) Y me tengo que quitar el sombrero por el príncipe Rupert Loewestein (asesor financiero de los Stones) por haber encontrado la manera de sacarnos de aquella deuda descomunal. Fue él quien nos aconsejó que nos convirtiéramos en no residentes: la única manera de salir del atolladero financiero en que estábamos metidos.” Así es como Keith Richards explica en su autobiografía publicada en 2010 la embarazosa situación que afrontaba el grupo a comienzos de la década. La única alternativa era desaparecer de Gran Bretaña durante el año fiscal 1971-1972 para eludir los impuestos sobre sus ingresos de 1969-1970. El mismo procedimiento se aplicaría a cada año subsiguiente que pudieran demostrar que no residían en el Reino Unido.
         En su libro Rolling Stones (Ultramar Editores, 1987), Philip Norman señala que “en aquella época la elección de Francia era casi inevitable (…) Para Mick Jagger, especialmente a la luz de su reciente experiencia allí, París era el único sustituto posible de Londres. En Francia los Stones, mucho más que los Beatles, siempre habían sido ‘ultra chic’.” Pero además, había muchas ventajas fiscales positivas para quien estableciese su residencia en un país relativamente libre de restricciones cambiarias. El anuncio oficial sobre la partida del grupo de Gran Bretaña para instalarse en Francia se produjo en marzo de 1971.
          Precisamente en ese mes, los Rolling Stones emprendieron una gira de despedida en su país, la primera en cinco años. Actuaron como un conjunto de ocho miembros, con Bobby Keys y Jim Price en vientos y Nicky Hopkins al piano, y aprovecharon para incluir en su repertorio canciones de su futuro disco Sticky Fingers, como “Wild Horses”, “Dead Flowers” y “Bitch”. El tour culminó con presentaciones enla Rondhouse de Londres, con la asistencia de los familiares del grupo, incluidos sus padres. “Fue extraño mover el culo delante de mi madre –declaró Jagger-, como una cosa incestuosa.”
          El 6 de abril de 1971 los Rolling Stones en su totalidad se hallaban en Francia. Luego de cruzar el canal de la Mancha, un cúmulo de incógnitas se abría de par en par respecto al futuro inmediato del grupo. En According to The Rolling Stones (Editorial Planeta), Richards aporta nuevamente su particular punto de vista: “La única salida era organizar una nueva vida en otro lugar. Nos dijimos: ‘Chicos, nos mudamos; seamos una buena familia’. En cierta forma, fue estimulante.”

 
Nuevo sello discográfico y “Sticky Fingers”

          A pocos días de iniciado su exilio oficial, los Stones zarparon hacia Cannes y firmaron un nuevo contrato discográfico con Kinney Services National, una compañía de origen estadounidense del sello Atlantic, con sede en Nueva York. El acuerdo obligaba a la banda a producir seis álbumes en los siguientes cuatro años, incluido Sticky Fingers. Saldrían al mercado con el nuevo sello de los Stones, Rolling Stones Records, pero serían fabricados y distribuidos por Atlantic. El director del nuevo sello sería Marshall Chess, cuyo padre, Leonard, había fundado el famoso sello Chess de Chicago. Mick Jagger anunció a la prensa: “El conjunto no se retira. Seguimos siendo un grupo operativo, un conjunto de giras y un conjunto feliz.”
           El 16 de abril el nuevo sello estrenó su primer producto, un disco compuesto por Brown Sugar, y Bitch como cara B. La edición inglesa traía un tema de regalo, Let it Rock, grabado el 15 de marzo durante su gira de despedida. Brown Sugar alcanzó el número 2 en Inglaterra y el número 1 en Estados Unidos así como en otros países. Sticky Fingers, grabado casi en su totalidad en 1970,  lo siguió a comienzos de mayo.
         Brown Sugar se convirtió con rapidez en un clásico de la dupla Jagger-Richards. También se destacan la bella balada Wild Horses, la potencia rockera de Bitch, el country rock Dead Flowers, y el final etéreo de Moonlight Mile, con una majestuosa orquesta de cuerdas. Para Stephen Davis, autor de Los viejos dioses nunca mueren (Ma Non Troppo, 2002), el disco “causó sensación, y fue la prueba de que los Rolling Stones sobrevivirían en los inciertos setenta. No había demasiada música pop de calidad alrededor de 1971 (…) Con las potentes y atrevidas Brown Sugar y Bitch, con los saxos al estilo de Memphis, los colores orquestales y la tranquila guitarra blues de Mick Taylor, los Stones se situaban en aquel momento como mantenedores de la llama del rock duro que habían encendido casi una década antes.” Ante las críticas de que trataba de un álbum sobre las drogas, Keith Richards respondió: “Es un disco sobre las drogas duras, del mismo modo que el mundo es un mundo duro.”
             Si bien había sido presentado como nuevo miembro del grupo en el mítico concierto de Hyde Park el 5 de julio de 1969, en reemplazo del guitarrista fundador Brian Jones (fallecido el 3 de julio, poco tiempo después de haber sido despedido del conjunto), Sticky Fingers significó el primer trabajo integral en el grupo del joven y brillante guitarrista Mick Taylor, quien provenía de John Mayall´s Bluesbrakers y apenas había participado de las sesiones del disco Let it bleed (1969). Sus increíbles solos a lo largo del disco aportaron una textura completamente nueva a las composiciones de los Stones, y se destacaron tanto como la sección de vientos que se incluyeron en varios temas. Respecto a esto último, el baterista Charlie Watts afirmó: “Los vientos tenían la misión de añadir una dimensión extra, un color diferente, no hacer que la banda sonase distinta. En un momento dado, imagino que a todos nos habría gustado meter vientos aquí o allá, aunque tienen el riesgo de que pueden hacer que todo suene como una orquesta de las de antes. Pero con el amor que le tengo al jazz, me encanta oír instrumentos de viento a mi alrededor.”
            Con Sticky Fingers casi concluido, los Stones habían iniciado en los Olympic Londres a finales de 1970 y comienzos de 1971 las sesiones del siguiente álbum. Su difícil situación impositiva los había obligado a exiliarse y mudaron sus destinos a Francia. El verano europeo sería testigo de una de las etapas más agitadas y musicalmente prolíficas en la historia de la banda.

 

Nellcóte y las “Sesiones de la Enfermedad Tropical”

              Como ha sucedido con tantas obras artísticas a lo largo de la historia, el contexto que envolvió a la grabación del nuevo material de los Stones contribuyó a dotar al álbum sucesor de Sticky Fingers de un aura mítica que se acrecentó con el paso de los años. El centro donde todo sucedió fue Nellcóte, la enorme villa al estilo romano que Keith Richards había alquilado en las colinas de Villefranche-sur-Mer, en la Riviera Francesa, el lugar que Stephen Davis definió como “una agitada comuna de rock and roll.” Se suponía que los Stones grabarían en otra casa, pero no encontraron otra cercana a la de Keith, que insistía en que debía trabajar cerca de su familia y de su escondite. Así fue como condujeron es estudio móvil del grupo a Francia, y construyeron una sala de grabación en el sótano de Nellcóte. Una de las tantas leyendas de esta época, en parte corroborada por la modelo Anita Pallenberg (pareja de Richads por ese entonces), consistía en que frágil instalación eléctrica de la vieja villa no podía aguantar las nuevas exigencias en cuanto a energía, por lo que el equipo se conectó ilegalmente a las cercanas líneas eléctricas de los ferrocarriles franceses y permitió grabar a la banda.
          Una vez comenzada la grabación, resultaba poco conveniente que cada miembro del grupo regresara cada día a su propia casa, de modo que la banda entera se instaló en Nellcóte. Víctor Bockris, autor de Keith Richards. Biografía desautorizada, describe con éstas palabras el ambiente general del lugar: “Discos, botellas vacías, porros y cigarrillos a medio fumar, guitarras y ropa, se amontonaban sobre los muebles y en el suelo (…) Richards estaba en el séptimo cielo (…) Para él las condiciones ideales de grabación eran que todos vivieran juntos y grabasen en su sala de estar. Fue la única vez en la historia de los Rolling Stones en que consiguió crear el entorno perfecto.”
          Mucho se ha escrito sobre el verano en Nellcóte, y los mismos protagonistas describieron en numerosas oportunidades la compleja situación en que llevaron adelante su trabajo. Quienes pertenecían al entorno del grupo y otros ajenos a él entraban y salían a toda hora de la villa, y la adicción a la heroína de Richards crecía al igual que sus molestias por los constantes viajes de Jagger desdela CostaAzula París para reencontrarse con su flamante esposa nicaragüense Bianca Pérez Moreno de Macías (con quien se había casado en mayo de ese año). Las primeras fisuras en la pareja compositiva se agudizaban por la íntima relación que Richards forjó por aquella época con el músico de country Gram Parsons, lo que generaba los celos de Jagger. El insoportable calor, los horarios de grabación y la constante desafinación de las guitarras en el sótano del lugar completaban un cuadro sombrío.
          El gran misterio por develar es cómo los Rolling Stones lograron crear el sublime Exile on Main Street en semejantes condiciones. La respuesta puede encontrarse probablemente en la química musical del grupo, en la necesidad de salir adelante en el exilio y en el pico de creatividad que el dúo Jagger-Richards alcanzó por aquella época, a pesar de sus diferencias personales. “Rocks Off”, “Tumblice dice”, “Happy” y “Loving Cup” son sólo algunos ejemplos de lo mencionado. Si bien el álbum fue titulado tentativamente como Tropical Disease (“Enfermedad Tropical”), más tarde fue rebautizado. Richards lo explica en su autobiografía: “A veces hacíamos una parada en Montecarlo para comer o charlar un rato con la panda de Onassis o de Niarchos, que tenían por allí sus inmensos yates. Por eso lo titulamos Exile on Main St. En Estados Unidos funcionó porque casi todas las ciudades tienen una Main Street, pero la nuestra, nuestra calle mayor, era la costa de la Riviera; y éramos exiliados, así que sonaba perfectamente auténtico y comunicaba todo lo que necesitábamos decir.”
         El agotamiento y el clima enrarecido de Nellcóte (robos, consumo de drogas por doquier y la policía merodeando la villa) fueron la combinación que llevó a los Stones de Francia a los Estados Unidos. Tenían veinte canciones nuevas, suficientes para un álbum doble, y decidieron acabar las grabaciones y la mezcla de Exile on Main Street en Los Ángeles, en los estudios Sunset Sound. Hacia finales de noviembre todos los Rolling Stones se marcharon de Francia. Se acababa 1971, un año que marcaría a fuego la historia del grupo, y que los posicionaba (sobre todo luego de la separación de Los Beatles) como los principales animadores de la cultura rock nacida en la década anterior.

         

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