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Lester Bangs: La horrible honestidad

Cronista: Nahuel Perez | Fotos: Anabella Reggiani

29 de Abril, 2017

Lester Bangs: La horrible honestidad

A 35 años de su muerte,  el periodista aún nos recuerda: “El Rock n’ Roll es una actitud, no es un género musical en un sentido estricto. Es un modo de hacer las cosas, de encararlas. Escribir puede ser rock n’ roll, o una película puede ser rock n’ roll. Es un modo de vivir tu vida”.

El mítico periodista de rock Leslie “Lester” Conway Bangs falleció el 30 de abril de 1982 en un diminuto departamento de Nueva York a la edad de 33 años, por una combinación letal de analgésicos, calmantes y medicina para la gripe. Para quienes no estén familiarizados con él, quizás recuerden el personaje que Philip Seymour Hoffman, quién también murió por sobredosis de narcóticos, encarnó en la película Casi Famosos (2000) de Cameron Crowe. Aunque el film es una pésima representación de la realidad del medio, cumple con retratar el carácter desalineado, regordete y generoso de Bangs según reconocen quienes mejor lo conocieron.

A pesar de su estatus actual de “leyenda”, él no fue exactamente apreciado en su época por las revistas en las que trabajó ni por los músicos, rara vez tuvo libertad para sus críticas acérrimas, escribió mucho más de lo que publicó y llegaba a fin de mes gracias a la venta subrepticia de los discos promocionales a los que tenía acceso. Apenas si escribió en vida dos biografías rápidas que poco representaron su talento, una de Blondie, que le costó su amistad con los miembros de la banda a causa de su honestidad implacable y otra de Rod Stewart, ambas hace rato fuera de imprenta.

La carrera profesional de Lester Bangs como columnista independiente en la Rolling Stone de San Francisco comenzó en 1969 con una de sus anécdotas más famosas, al enviar una reseña particularmente negativa del álbum ‘Kick out the jams” de la por ese entonces popular banda MC5 a la que adjuntó la siguiente nota: “Miren, ‘fuckheads’, soy tan bueno como cualquiera de los escritores que tienen ahí. ¡Mejor que impriman esto o me den una razón de por qué no!”. Por supuesto la explicación nunca llegó y Bangs continuó trabajando para la icónica revista de cultura joven.

Allí Bangs se dio el gusto de describir el primer disco de Black Sabbath como Clichés de Cream que sonaban como si los músicos los hubieran aprendido de un libro, rasgando y rasgando con una persistencia perruna. Como una ironía de la vida, escribió las siguientes líneas sobre la muerte de Janis Joplin por aquellos años: “No es solo es perturbador que estas muertes tempranas se hayan vuelto un hecho de la vida, sino que se lo acepte tan pronto como algo dado”.

Según una nota del escritor, músico y crítico inglés de rock Nick Kent publicada en The Guardian por el 20º aniversario de su muerte, “Bangs contribuyó con un número de reseñas provocativas para la revista, e hizo un trabajo notable reportando cómo fue ser parte del público del notorio concierto gratuito de los Rolling Stones en Altamont. Sin embargo, el editor, Jann Wenner, nunca creyó en él como escritor y se negó a darle libertad en ningún artículo mayor. Bangs se inclinó a otros medios, principalmente Creem, una revista de rock mensual lanzada en Detroit en 1970”. Finalmente fue despedido de Rolling Stone en 1973 por ser ‘irrespetuoso’ con los artistas comerciales.

En 1971, Lester Bangs había abandonado su hogar materno en California para instalarse en la casa comunal de Creem en Michigan, donde pronto se enamoró de la ‘Motor City’ a la que llamó “la única esperanza del rock”. Allí llegó a ser editor de la revista y junto a otros colaboradores de la publicación comenzaron a utilizar el término ‘punk rock’ y sus escritos ayudaron a acuñar mucho del marco conceptual y estético de la inminente nueva ola que surgiría en Nueva York y Londres durante la década de los 70’.

“En un mundillo particularmente cínico, Bangs buscaba correspondencia entre lo que se cantaba y el comportamiento cotidiano de las figuras. Fascinado por la retórica de The Clash, viajó a Inglaterra para seguirlos en gira. La extensa crónica, publicada por New Musical Express en tres capítulos, relataba su desencanto. Descubrió que su aspecto —gordito, con bigote— no impresionaba a los fashionistas londinenses. Y que los fans más débiles podían ser humillados por el equipo de la gira, ante la indiferencia de las estrellas”, recopiló Diego A. Manrique para El País de España, en un reciente artículo conmemorativo.

En esa misma nota para The Guardian, Nick Kent recuerda: “Acompañé a Bangs a su entrevista con Lou Reed, su máximo héroe, en la primavera de 1973; Reed apenas podía soportar estar en el mismo cuarto con él. Poco después su amado Iggy Pop lo dijo ‘tonto’ a la cara en su primer encuentro y le pidió que se callara”. “Bangs quería que lo vieran como un gran escritor, sin embargo ganó notoriedad como periodista ‘gonzo’, una frase que no podía digerir porque le recordaba demasiado a su némesis Hunter S. Thompson. El perdía su tiempo escribiendo acerca de personas que lo veían con desprecio, como su fuera un acosador perturbado”, concluyó.

En 1977 Bangs abandonó Creem cuando se sintió estafado por su editor y se mudó a Manhattan, donde escribió para The Village Voice, New Musical Express, Penthouse y otras publicaciones, justo cuando la revolución del punk-rock que tuvo a los Ramones y Televisión en la cresta de la ola comenzaba a acaparar el interés de los medios especializados. Lester, que había estado promoviendo este movimiento desde la década de los 60’ creyó que sería aceptado como un pastor por este naciente movimiento, pero en cambio tuvo mucha dificultad en ser aceptado.

Richard Hell
, líder de The Voidoids, bajista de Television y The Heartbreakers reconoció: “Cuando pienso en Lester, veo a un gran bizco bamboleante, babeante apestoso, sonriendo detrás de su bigote lleno de migas y tratando de arrinconarme con un incesante balbuceo en algún lugar oscuro de CBGB. Era dulce como un cachorrito, pero estaba siempre borracho y su nivel de sinceridad era casi insoportable. Todo lo que podías hacer era molestarlo y aprovecharte de él”.

Para entender la pasión de Bangs y su estilo incendiario, aunque retorcidamente erudito, hay que remontarse sin duda al Hospital Comunitario de Escondido, en California del Sur, donde nació Leslie Conway Bangs un 13 de diciembre de 1948. Su madre Norma era una Testigo de Jehová fanática que solía llevar a su pequeño hijo de puerta en puerta a convencer a sus vecinos del inminente fin de los tiempos. Su padre Conway era un alcohólico ex convicto que solía fugarse frecuentemente para dedicarse a la bebida. En 1957 desapareció para siempre; su madre le explicó que su papá había muerto en un incendio. Dos años después se mudó a El Cajón, California, cerca de San Diego.

Como muchos niños que crecen en ambientes opresivos, el joven Leslie encontró alivio en la música y la literatura que serían so obsesión más adelante. Según comentó María Bustillos para el New Yorker, “los Testigos de Jehová rechazaban por igual a Coltrane, Miles Davis, los cómics de Superman y la ciencia ficción, por lo que este hijo rebelde los amó y aceptó por igual y en un mismo plano”. El propio Bangs escribió alguna vez: “Mi más memorable fantasía infantil fue tener una mansión con catacumbas debajo conteniendo, en orden alfabético y en interminables filas ligeramente iluminadas, todos los discos alguna que se hallan grabado”.

En un oscuro pasaje de su infancia, Bangs reconoció que a los 11 años un hombre de mediana edad que vivía en un remolque lo convenció para tener sexo con él en varias ocasiones a cambio de historietas y chicles. “Todos provienen de una familia arruinada” solía decir a cualquiera que culpara a sus padres por sus desventuras personales, “Yo soy un vivo ejemplo de no usarlo como excusa”. Así de férrea era su moral.

Aunque Lester Bangs adoraba a la generación Beat, en junio de 1964 escuchó por primera vez a The Beatles y se enamoró para siempre del rock. Según revela Nick Kent, por esa época “fue expulsado de la capilla local de los Testigos de Jehová y se embarcó en una juerga de drogas que duró dos años y que casi lo convierte en un vegetal adolescente. Luego de ser obligado a presenciar una grotesca violación en grupo en una fiesta de los Hell’s Angels, juró que se enderezaría y comenzó a estudiar periodismo, solo para abandonar la universidad poco antes de cumplir 20 años”.

Como todos los hijos de su generación, Bangs despreciaba aquello que la religión, el gobierno o la sociedad puritana de la América de post guerra pudieran plantear. El sueño americano había desaparecido, y la rebeldía comenzaba a manifestarse en una escalada que se oponía a todo lo establecido. Si usar narcóticos estaba mal, entonces había que drogarse. Si lo establecido era la monogamia, entonces había que entregarse al amor libre. En esa misma lógica es que Lester Bangs forjó su carácter crítico, usando la literatura y la música como armas de una revolución que se negaba a que el rock se convirtiera en la música de fondo del mercantilismo cultural.
Según lo describe Nick Kent, “Como amante de la música, Bangs tenía un gusto extremadamente limitado. No tenía mucho tiempo para los Beatles, Beach Boys o The Byrds porque sus canciones eran demasiado serenas y alegres. Bob Dylan le era de muy poco interés; en cambio, adoraba a Velvet Underground y a The Stooges por el modo en que su música reflejaba abiertamente los aspectos más feos de la vida”.

La década de los 80’s comenzó y Lester Bangs aún vivía solo, en un pequeño departamento más propio de un adolescente rebelde que de un hombre maduro. En 1981, en una de las muchas ironías de su vida, Bangs escapó en calzoncillos a un incendio que casi lo lleva al mismo destino que su padre. Pasó el último tiempo de su vida escribiendo un libro que se intitularía ‘Rock gomorra’. El día que el primer borrador estuvo listo y entregado, decidió celebrar con el cóctel de pastillas, al que le sumó el jarabe para la tos porque se sentía engripado, que finalmente terminó con su vida.

Para Jim DeRogatis, autor de la biografía editada en el 2000 ‘Let it blurt‘, “Lester no tuvo tiempo de encontrar su propia voz; era un convinado de Hunter S. Thompson, Jack Kerouac y Charles Bukowski”. “Lester Bangs fue un hombre en ruinas hasta el día de su muerte, en abril de 1982, a la edad de 33 años” escribió María Bustillos para The New Yorker, “Fue un gordo, sudoroso y abandonado, un alcohólico fuera de control de jeans rotos y campera de cuero demasiado pequeña, aturdido hasta los huesos por el jarabe para la tos Romilar del que se tomó toda la botella, tenía también el más avanzado y exquisito gusto que cualquier escritor Americano de su generación, por desparejo y errático como era”, concluyó.

Las palabras del escritor contemporáneo y amigo de Bangs, Nick Tosches lo retrataron mejor que muchos: “Detrás de la infamia new-wave de chico malo, él era el ‘Lonely Boy’ de Paul Anka; un inocente muchacho del interior… un romántico en el más grave, mejor y más ridículo sentido de la gastada palabra. Él no podía meramente ir a la cama con una mujer; él debía enamorarse de ella. A él no podía simplemente disgustarle algo; él debía confrontar enfurecido contra ello. Nada de eso era real, pero al final, los fantasmas de toda esa furia y amor enloquecidos, como no eran suyos para comandar, lo conquistaron”.
“No me pregunten por qué busco en las bandas de rock n’ roll algún tipo de modelo para una sociedad mejor tan obsesivamente. Supongo que vi un destello de algo hermoso por un momento, y quizás por confundirlo con una profecía estuve buscando que se cumpla desde entonces”- Lester Bangs.

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