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Lust for life: Cuando David Bowie salvó a Iggy Pop

Cronista: Jeremias Wald Acuña | Fotos: Fernando Canales

27 de Agosto, 2017

Lust for life: Cuando David Bowie salvó a Iggy Pop

Cuarenta años pasaron desde que Iggy Pop editó Lust for life. Acá, repasamos la historia del disco en el que la Iguana demostró que el punk ya era parte del pasado y que lo nuevo venía con la misma frescura pero en otro formato.

Ocho días. Ese tiempo le bastó a Iggy Pop para componer, escribir y grabar Lust for life (1977) el disco más exitoso de su carrera. La demostración física de que La Iguana estaba un paso más allá de todos. En 1996, resurgió cuando el director de cine Danny Boyle incluyó la canción que dio nombre al disco en Trainspotting, la película que narra la vida de un grupo de jóvenes heroinómanos de Edimburgo que solo buscan dinero fácil y drogas. Un jovencísimo Ewan McGregor corre de la policía y “Lust for life” suena a todo volumen en una de las escenas iniciales más frenéticas del cine; curiosamente, los protagonistas del film -además- son fanáticos de la Iguana.

Corría 1975 e Iggy Pop se encontraba internado en un centro de rehabilitación, debido a su adicción a las drogas. Hasta que un día se apareció el tipo que había hecho la mezcla para Raw Power (1973), última placa de la banda de Detroit. Esa persona era nada menos que David Bowie; el Duque Blanco decidió ayudarlo y llevarlo a Europa a grabar The Idiot (1977), debut solista de Iggy. El mismo año, un tiempito después, Pop lo encaró a Bowie y le propuso grabar un disco lo más barato posible. Y así fue como comenzó una espiral compositiva creativa que escupió una de las placas más significativas de los 70.

Iggy contó en varias ocasiones que, en los ocho días que duró la grabación, durmió muy poco. ¿Acaso fue por las drogas? Probablemente, haya sido por la más fuerte de todas: la música. No quería perder el liderazgo  de su propio disco. En The Idiot (1977), Bowie había tomado demasiado protagonismo para su gusto, y decidió que en su segunda placa no pasara lo mismo. Para permitirle participar, pero sin perder la competencia creativa con su amigo inglés, Pop dejó las horas de sueño para más tarde. Así redondeó un disco menos experimental y más directo que su antecesor.  

Paso a paso (tema por tema)

-Un redoble de tambores da inicio al disco con una fórmula que sería largamente imitada durante los siguientes 40 años. Sin ir muy lejos, en el 2003, la banda australiana Jet utilizó un recurso similar a lo largo de su hitazo “Are you gonna be my girl?”, hit que detonó todas las radios en el nuevo milenio. La música que dio nombre al segundo disco de Iggy Pop corrió por cuenta del siempre inagotable David Bowie. La letra, claro, corresponde a La Iguana. El comienzo, con ese ritmo veloz pero bien garagero, es una declaración de principios: la frescura y la onda no se negociaría por nada del mundo. Lo curioso es que, aquella intro, estuvo inspirado en la señal que utilizaba el ejército estadounidense durante la Segunda Guerra Mundial.

-“Sixteen”, el segundo tema, es el único que pertenece enteramente a Iggy; él fue quien hizo tanto la música como la letra. Es, también, el primero que apareció en un disco propio y se trata de una inquietante canción de amor dedicada a una menor de edad. Es la vuelta al lado más salvaje después de la experimentación de The Idiot. La crudeza y suciedad que le imprimió Pop hizo que sea la composición más cercana a The Stooges en todo el disco.

-“Some weird sin” pone el toque bailable inequívoco del Duque Blanco. Iggy estira su registro vocal y llega a una canción que inspiraría muchos años después a bandas como The Strokes. La base rítmica conformada por los hermanos Tony y Hunt Sales se luce en cada uno de los tracks del disco, pero la facilidad para resolver temas tan distintos como este y el anterior demuestran la calidad de estos músicos.

-“The passenger” es el segundo hitazo -eterno- dentro del disco y, líricamente, se encuentra basado en un poema de Jim Morrison -compañero infaltable de fiestas de Iggy-. Cuenta la leyenda que La Iguana se quedó con los míticos pantalones de cuero del finado cantante de The Doors. La letra ilustra la vida nómade punk de un eterno acompañante en un viaje en auto por el mundo (más precisamente Berlín y copiloteando el viejo Mercedes de Bowie). El inimitable riff de guitarra corresponde a Rick Gardiner, que dejó una canción para la posteridad, utilizada ampliamente en comerciales y películas.

-“Tonight” muestra a Iggy Pop con su voz hipnótica de siempre pero temblorosa esta vez. Probablemente, porque la letra cuenta los problemas que atrae el exceso de consumo de heroína. Vale recordar que, cuando Bowie lo busca para trabajar juntos, La Iguana se encontraba internado para salir de su adicción a la aguja.

-“Success” fue lanzado como sencillo junto a “The Passenger” a finales de septiembre del 77. Sobresalen los coros durante todo el tema. Rock clásico y despojado, típico de Iggy, y donde más se luce, claro.

-“Turn Blue” es otra advertencia al uso de heroína. Pop navega por distintos rangos vocales a lo largo de un blues desesperado en donde llega hasta recitar por momentos, en vez de cantar.

-“Neighborhood threat” mezcla la oscura ansiedad de Iggy con la sutileza de Bowie, quien agregó también este tema en su disco Tonight (1984). Las cuerdas llevan al post punk que poco tiempo después iniciará en Inglaterra.

-“Fall in love with me”, el tema que cierra el disco y está dedicado a Esther Friedman, la por entonces novia de Pop. Nació de una improvisación durante las sesiones de grabación y da un cierre tremendo a un disco eterno. Guitarras bien brillantes y cortantes que resaltan la voz distorsionada de Iggy Pop.

El deseo de vivir

Mientras el disco crecía y crecía comercialmente, de súbito sucedió algo que cambiaría su destino: Elvis Presley moría a causa de un infarto. RCA, la discográfica que sacó la placa de Pop también producía los discos del Rey, se dedicó a reeditar toda la discografía del reciente fallecido, dejando de lado al resto de sus artistas.

La excelsa producción de Lust for life corrió por cuenta de los Bewlay Bros, que no eran otros que los mismos David Bowie, Iggy Pop y Colin Thurston. Muchos creen que, en realidad, es este disco el que cierra la famosa “Trilogía Berlin” de Bowie, junto a Low (1977) y Heroes (1977). Iggy encontró la forma de salir de su círculo autodestructivo, en parte, gracias al Duque Blanco: lo vio trabajar, ininterrumpidamente como era su costumbre, y se dijo que así quería ser él.

Cuando aparecían los primeros discos de punk, La Iguana ya había pasado esa página hacia el post-punk y la new wave mostrando el camino a transitar. Ese sendero que poco tiempo después recorrería, entre otros, John Lydon (también conocido como Johnny Rotten) con Public Image Ltd.

Lust for life resume un concepto claro que hasta entonces no era tan cristalino: todo puede sonar punk e Iggy Pop, sin lugar a dudas, suena así. 

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