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40 años de Heroes: La sanación de David Bowie

Cronista: Fernando Canales | Fotos: Gentileza prensa

14 de Octubre, 2017

40 años de Heroes: La sanación de David Bowie

La historia del disco que llevó al Duque Blanco a cicatrizar su cuerpo en Berlín.

La multifacética carrera de David Bowie estaba en ascenso directo hacia su punto más alto. Pero su adicción a las drogas duras y el vértigo, producto del prestigio legítimamente ganado, lo llevaron a terminar huyendo de la sombra de su propio estrellato. Como una especie de válvula de escape, se exilió y, en consecuencia, terminó construyendo en Alemania lo que se llamaría La Trilogía de Berlín -Low (1977), Heroes (1977), Lodger (1979)-, tres álbumes nacidos bajo una realidad intensa, en lo físico, en lo mental y en lo musical. Para comprender su viaje catártico por Europa, donde lograría la cúspide de la creatividad, esta crónica comienza en Los Ángeles, el destino que cambió a Bowie por completo, hasta que finalmente se convirtió en un héroe.

Los Ángeles, la ciudad de la perdición

En 1976 David Bowie tuvo que atravesar y enfrentar una etapa muy caótica en su carrera. Los personajes a los que le había dado vida, Ziggy Stardust, The Thin White Duke y Aladdin Sane, le concedieron el título de “Estrella Pop”, atrayendo todo lo bueno y lo malo que eso conlleva. Los tres alter egos creados como producto de su fascinante mente, lo llevaron al extremo de sus capacidades. Estuvieron junto a él, tanto arriba como abajo del escenario, y también a la hora de enfrentarse a la prensa. Después de varios años de convivencia, esto le produjo un gran agotamiento. Sumado a que la gente se involucraba más con la teatralidad vendida por los personajes, que por el músico en sí mismo.

Bowie llegó a un punto en el que no quería actuar más, no quería interpretar a nadie, simplemente ser (o no ser) Bowie, sentirse libre. Y lo tenía muy claro: “Antes de volver a involucrarme con la creación de personajes, tengo que definir un nuevo lenguaje musical”. Los conflictos con ex managers y la fama lo condujeron de la mano hacia el camino de los excesos, el alcohol por un lado y la cocaína por el otro. Pero Bowie tensó demasiado la cuerda: “Estaba física y mentalmente dañado, preocupado por mi vida y por salir de esa situación, estuve varias veces muy cerca de la sobredosis”.

 

 

Todo esto se desató mientras se alojaba en la ciudad de Los Ángeles. Después del desenfreno -según la leyenda, Bowie subsistía con una dieta a base de leche, pimientos rojos y cocaína-, no era raro que quisiera dejar L.A, de hecho, la odiaba. Para él era un lugar irreal, con gente –valga la redundancia- no real. Hasta llegó a culparla por el llamado “Incidente de Victoria Station” que ocurrió el 2 de mayo de 1976, durante la gira de Station to Station: en Londres, arriba de un Mercedes descapotable de tapa abierta, Bowie saludó a una multitud con un gesto que algunos alegaban era un saludo nazi. El supuesto gesto fue capturado y posteriormente publicado por la revista NME. Más tarde, Bowie atribuiría sus comentarios pro-fascismo y su comportamiento al período de adicción ligado directamente a su estadía en Los Ángeles, la ciudad que lo enajenó enormemente. “Fue donde ocurrió todo, el maldito lugar debería ser borrado de la faz de la Tierra. Vivir ahí es, creo, el camino hacia el desastre, realmente lo es.” declaró.

Berlín, la salvación

Para comenzar su sanación física y mental, Bowie primero se trasladó a Suiza, donde compró un chalet en las colinas. Mientras su consumo de cocaína disminuía, se topó con actividades extra musicales que lo fueron centrando aún más. El reencuentro con la rama artística que él amaba, la pintura; etapa en la que elaboró gran cantidad de piezas post modernistas. En las giras aprovechaba el tiempo para fotografiar lugares de referencia, visitar galerías y de a poco se convertiría en un gran coleccionista de arte contemporáneo.

La floreciente escena musical alemana, con las bandas de rock de vanguardia como NEU!, Cluster, Harmonium y Kraftwerk, prendieron las alarmas de Bowie, y lo arrastraron a mudarse hacia Berlín Occidental, para darle los toques finales a la limpieza y revitalización de su carrera (y persona).

La relación B-B (Bowie-Berlín) se produjo de forma gradual, cansado de las travesuras de Ziggy Stardust y de los demás personajes, dejó atrás su apariencia glam y su pelo largo. Encontró el coraje de deshacerse de los accesorios, los trajes y las escenografías. Se acabaron los trucos. Eran los primitivos pasos hacia un cambio de piel, de caparazón musical, y el comienzo de un nuevo lenguaje. En sus primeros días en Berlín, se lo recuerda conduciendo alrededor del garaje de su hotel a más de 100 kilómetros por hora, con Iggy Pop en el asiento de acompañante, gritando (“quiero acabar con todo"), hasta agotar la nafta de su coche.

Angela –su primera esposa- dijo en su momento: “Eligió vivir en una sección de la ciudad tan sombría, anónima, y culturalmente perdida como era posible: Schoneberg estaba poblada en gran parte por los inmigrantes turcos. Alquiló un apartamento encima de una tienda de autopartes, y comía en la cafetería de los trabajadores locales”.

La simpleza y el anonimato fueron las claves para esa simbiosis. “Si la gente lo veía en un bar de Berlín, le decían simplemente: ‘¿Y qué? Yo también toco en un grupo’. Y a Bowie le gustaba eso, no había admiradores gritando, ni lo trataban como a una superestrella", recordó Peter Radszuhn, quien trabajaba en los Hansa Studios de esa ciudad. Una noche, en un capricho, Bowie subió al escenario de un cabaret para hacer algunas canciones de Frank Sinatra. La audiencia local se encogió de hombros y le pidió que bajara. Así era el panorama.

"Fui desnudo a Berlín, quería desvestir mi vida, llevarla a lo que era realmente básico, me deshice de muchas pertenencias, y mi guardarropa sólo tenía jeans y remeras. Caminaba y andaba en bicicleta. Era la libertad que necesitaba de la celebridad que me perseguía. Pelo de color natural, sin maquillaje, ése es mi yo real", aclaró el músico. “Era una ciudad muy terapéutica para un artista, donde tenías que hacer todo por vos mismo y nadie te notaba. Era totalmente anónimo, una persona ordinaria. Tenía que bajar a comprar mi propia comida y hasta aprendí cómo comprar un pasaje de avión, suena tonto, pero fue así.

Berlín siempre lo mantuvo muy ocupado. Allí se unió con Iggy, que estaba luchando contra sus propios problemas con la heroína, y lo ayudó a producir los discos de The Idiot y Lust For Life. Hizo un recorrido anónimo como tecladista del mismo Iggy, y participó junto a Marlene Dietrich y Kim Novak de la película Just A Gigolo (1978). Sumado a que venía de sacar un disco creado bajo una neblina de drogas, casi premonitorio, llamado Station To Station (1976), que narraba la historia de un personaje llamado The Thin White Duke, un europeo que vivía en América y que quería volver al Viejo Continente. Deja vú. 

En consecuencia, a esta hiperactividad, se estrenó a principios de ese mismo año el experimental Low, un LP altamente influyente gracias a su colaboración con Brian Eno, un conocido de los días de Ziggy Stardust, cuando compartían la escena con Roxy Music. Contenía la canción “Breaking Glass”, una pieza que reflejaba el momento que pasaba Bowie: “Baby, he estado rompiendo vidrios de nuevo, en tu habitación, escucha, no mires la alfombra, dibujé algo horrible en ella”. No es difícil imaginárselo en esa situación. La Trilogía de Berlín había comenzado.

 

Los cuatro fantásticos: Bowie, Eno, Visconti y Fripp

Para darle forma a lo que sería Heroes, el equipo a cargo de la creación y la producción, repitió lo hecho de septiembre a octubre de 1976 en Low. Pero con el agregado de Robert Fripp, guitarrista de King Crimson. A Bowie le gustaba mucho Discrete Music (1975), el disco que Brian Eno hizo con un sonido tranquilo y que le mostró a hacia dónde quería dirigirse. En la búsqueda de ese nuevo lenguaje, contactó a Eno, quien describió su relación con David como de “almas gemelas”.

Con el productor Tony Visconti la historia fue diferente, Eno y Bowie lo llamaron por teléfono y la charla fue directa:

DB: -¿Qué tenés para ofrecernos?

TV: -Bueno, tengo una cosa nueva llamada “Harmonizer”...

DB: -¿Y qué hace?

TV: -Puede joder con la tela del tiempo, es como ciencia ficción, además de poder tocar el pitch.

“Woooow” se escuchó del otro lado de la línea. Tony ya estaba a bordo para darle vida a Low. "Trabajar con Bowie es mucho más que ir a un estudio, es un evento social. Comemos juntos, vamos a los espectáculos, a los clubes, y nos empapamos de la cultura local. Siempre ha sido su manera de trabajar”, confesó Viconti.

"Hay una sensación de libertad trabajando con Tony que rara vez encuentro con otros productores", comentó Bowie. "¡Es una situación sin juicio en la que puedo jugar y tocar bastante mal todos los instrumentos, y Tony no se ríe! No puedo decirte lo importante que es sentirse libre en el estudio, y que alguien no esté juzgando tus habilidades musicales”.

Después del lanzamiento de Low, Eno y Bowie se preguntaron: ¿qué seguía ahora? Así decidieron buscar más aliados y volvieron a tomar el teléfono y llamar al guitarrista de King Crimson.

BE: -Hola Robert, soy Brian Eno, ¿cómo estás? Estamos en Berlín con David Bowie, esperá que te paso con él…

DW: -Robert, ¿vos pensás que podés tocar “Rock and roll peludo”?

RF: -¿Qué es el rock and roll peludo?

DW: -¿Cuál es la diferencia entre el pop y el rock?

RF: -…..

DW: -Podés terminar jodido…

Tras la charla, los cuatro -Bowie, Eno, Visconti y Fripp- ya estaban en el mismo barco.

 

 

Podemos ser héroes

Las sesiones de Heroes se hicieron en el Hansa Studios. En palabras de Visconti: "El estudio era grande, de tamaño sinfónico, George Murray –el bajista- podía oír y sentir el golpe en la cara, sin auriculares". Entre Bowie, Visconti, Eno y Fripp, todo fue hecho por comité, cada persona lanzaba sugerencias que podrían contribuir al producto final. Que sería una mezcla entre el pop y el rock en mayor medida, evidenciando el espíritu de la Guerra Fría, simbolizado por la dividida ciudad de Berlín, incorporando sonidos ambientales de una gran variedad de fuentes, incluyendo generadores de ruido blanco y sintetizadores. 

El mismo Bowie afirmó que su enfoque para la composición cambiaba constantemente. "A veces me gusta infringir las reglas, decir okey, esta pieza sólo puede tener cinco acordes, y que todo surja desde ahí, porque a veces puede estar bueno establecer parámetros”.

Desde Station to Station, Bowie había estado trabajando con la misma sección rítmica que consistía en Carlos Alomar a la guitarra, George Murray en el bajo y Dennis Davis en la batería. Tres músicos increíbles, que Eno logró sacar de su zona de confort, escribiendo acordes en una pizarra, y señalando cuándo había que cambiar. Con ese plan de acción, Bowie lanzó una progresión restringida de acordes y así construyeron un surco de ocho minutos en un crescendo triunfante que se transformaría en “Heroes”. El riff subyacente vino del guitarrista Alomar, con el pulso hipnótico de Murray y Davis. La base ya estaba lista. "Con tan grandes músicos las notas nunca tuvieron dudas", dijo Bowie más tarde. "Consideramos que ´sentir´ era la prioridad."

Según Visconti, era normal que Bowie escribiera las letras un mes o dos después de que la estructura de acordes ya estuviera finiquitada, y luego lanzara propuestas para ver a qué canción se ajustaba. El músico se arrojaba hacia las líricas en el último minuto, las componía en una mañana, le tomaba una hora o dos, pero de antemano necesitaba de ese mes para dejar que las ideas germinaran. Como expresó Bowie: “A menudo usó un método inspirado en William Burroughs, que consiste en tomar texto aleatorio de un libro o una revista y reorganizarlo. Todavía me resulta increíblemente útil como herramienta".

Eno también ofreció una idea de los hábitos de Bowie. "Él entra en un estado muy peculiar cuando está trabajando. Durante largas sesiones en el estudio, no comía casi nada, rompía un huevo crudo en su boca, y dormía solo unas horas antes de volver al trabajo.

El tema “Heroes” ya tenía las hermosas frases de Carlos, la línea de bajo que se doblaba en la guitarra, y la parte melódica del pre-coro. Ahí fue cuando Fripp apareció una semana después para agregar otra dimensión a la composición: Robert conectó su guitarra al EMS Synth de Brian Eno y logró un sonido que se parecía al de un arco de un violonchelo, pero era el efecto logrado por Fripp, que había marcado el piso con cinta adhesiva, para saber la distancia justa con el amplificador, logrando la mayor potencia en los acoples sostenidos que se retroalimentaban. Pura ciencia.

Solo faltaba la letra, hasta que Bowie recibió un soplo de aire fresco directo de las musas, cuando le pidió a Visconti que se tomara un descanso. El productor se fue a dar un paseo por el muro de Berlín con la cantante Antonia Maass -que estaba grabando voces en el disco- y comenzaron a besarse, en lo que ellos creían que eran besos encubiertos. La pareja, sin saberlo, ayudó al proceso de composición. "David pudo vernos, y rápidamente nos describió como los amantes que se besaron en el Muro", admitió Visconti. "Él escribió toda la letra mirando a través de las ventanas de los estudios de Hansa, y cuando volví, después de un par de horas, le pregunté cómo iba, y él dijo: ´Oh, ya terminé´’”. Su asistente, Coco Schwab, luego me llevó a un lado y le confesó: "Creo que tú y Antonia están en la canción". Según Visconti: "Yo estaba casado en ese momento, así que no se permitió que esta historia se hiciera pública, pero no me importa ahora.

La portada del disco, a cargo del fotógrafo Masayoshi Sukita, fue inspirada en la pintura Roquairol, del artista alemán Erich Heckel, en la que el sujeto hace una pose similar. La rareza resultó siendo que años después, el arte de tapa de The Next Day (2013) es una versión alterada de la creada por Sukita: tiene "Heroes" tachado y la cara de Bowie oscurecida por una caja blanca opaca, que dice"The Next Day".

Tras su lanzamiento, recibió una crítica positiva y fue nombrado Álbum NME del Año. El tema “Heroes” sigue siendo una de las canciones más conocidas y aclamadas de Bowie. Mucho más después de su performance en el Muro de Berlín, en 1987. “Nunca lo olvidaré. Fue una de las actuaciones más emotivas que he hecho. Estaba llorando. El Muro era nuestro telón de fondo. De alguna manera, oímos que algunos de los berlineses orientales pudieron escucharnos. Había miles del otro lado que se habían acercado, fue como un doble concierto con la pared como división. Nunca había hecho algo así en mi vida, y supongo que nunca volveré a hacerlo. Cuando hicimos ´Heroes´ realmente se sintió como una oración".

Una semana más tarde de aquel show, el presidente Ronald Reagan desafió a Mijail Gorbachov a "¡derribar el muro!". Dos años más tarde, el muro finalmente cayó. Después de su muerte, la cuenta oficial del Ministerio de Asuntos Exteriores de Alemania (@GermanyDiplo), le dedicó el siguiente tweet al músico: "Adiós, David Bowie. Ahora estás entre los #Heroes. Gracias por ayudar a derribar el #wall.RIPDavidBowie".

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