Revista El Bondi - 15 AÑOS DE ROCK
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Bocanada de veinte años

Cronista: Maximiliano Novelli Frutos | Fotos: Barbara Sardi

26 de Junio, 2019

Bocanada de veinte años

La historia del último gran disco de rock argentino del milenio.

El 28 de junio de 1999 vio la luz Bocanada, sucesor de Amor amarillo (1993). Si bien fue el segundo trabajo de Gustavo Cerati, fue el primero tras la separación de Soda Stereo, en la primavera de 1997, y luego de un año en el cual se alejó de la órbita pública después de la explosión que marcó la disolución de una de las bandas de rock más importantes del rock nacional y latinoamericano. Cabe preguntarse, ¿por qué este segundo trabajo fue clave en la trayectoria del guitarrista y, en definitiva, de una nueva etapa del rock argentino? Es necesario repasar algunos antecedentes que derivaron en la bocanada que definió su carrera en solitario.

 Hombre al agua

Al año siguiente de la edición del que sería el penúltimo álbum de Soda Stereo, Dynamo (1992), Cerati se encontraba afincado en Chile y allí grabó las pistas de su debut en solitario, que tituló Amor amarillo y tuvo la colaboración de Zeta Bosio, que lo ayudó en la producción. Un contexto totalmente distinto al que, ya veremos, daría origen a la siguiente placa, seis años más tarde. 

El músico declaró que ese trabajo, si bien obviamente fue el primero de su autoría, fue un disco que hizo “solo”. Además de las composiciones, se hizo cargo de casi toda la instrumentación, con muy pocas excepciones. “La diferencia es que ‘solista’ en sí mismo me implica como una carrera que todavía no he tenido conciencia de tomar. Por eso hago esa diferencia entre ‘solista’ y ‘solo’, aunque sea semántica”, explica el artista en el libro “Cerati en primera persona” (2012), de la periodista Maitena Aboitiz

El silencio post Soda estuvo marcado, en realidad, por una variedad de proyectos que lo mantuvieron ocupado casi inmediatamente después de dejar su banda histórica. A principios de 1998 participó de un tributo a The Police, una de sus principales influencias, y esto representó el cierre perfecto para la etapa anterior. Se fue a Estados Unidos y allí grabó una versión en español de “Bring on the night” (traducida al castellano como “Tráeme la noche”) convocado por los hermanos Miles y Stewart Copeland, y además trabajó con Andy Summers.


Más adelante continuó la investigación en la música electrónica, lo que le permitió salir de una zona de confort, dado que él mismo reconocía sentirse revitalizado, casi como un principiante. Esa experimentación resultó en el segundo disco de Plan V, un conjunto en el que participó junto a los chilenos Guillermo Ugarte, Christian Powditch y Andrés Bucci, que formó en 1995. La clave electrónica continuó con un dúo llamado Ocio, una banda fugaz que formó junto a Flavio Etcheto y que presentaron un LP -autotitulado- en mayo de 1999, tan sólo un mes antes del lanzamiento del segundo larga duración de Gustavo.

Desordené átomos tuyos

Musicalmente me fui al carajo”, expresaba Cerati, categórico, en una entrevista concedida al diario Página/12 en junio de 1999, días antes del lanzamiento de Bocanada y casi dos años después del alejamiento del trío que había fundado junto a Zeta Bosio y Charly Alberti a principios de los 80. La separación, que él mismo asemejó al fin de una relación de pareja, fue no sólo una necesidad de marcar discursivamente ese corte, sino de diferenciar el registro que siguió. La creación de una nueva placa fue uno de los principales elementos que le permitieron avanzar hacia nuevos terrenos.

Cerati señaló que, a diferencia de su anterior larga duración, en esta oportunidad existió un trabajo colectivo que no sólo se vio reflejado en la necesidad de armar una banda para presentar las canciones al público, sino trabajar en conjunto con aquellos colegas e incluso compartir la evolución de las composiciones en su entorno más cercano, que incluyó a familiares, amigos y hasta el entrañable Adrián Taverna, quien conocía a la perfección las obsesiones del músico en el momento de tocar en vivo desde los inicios de Soda. “Todos tuvieron que ver bastante con la amistad, con la idea de apuntalar un poco este disco para que no me sintiera muy solo”, agregó Gustavo.

El grupo que armó para este trabajo estaba compuesto por algunos viejos conocidos, como Etcheto, con quien compartió la composición de dos pistas y manejó el sampler en la mayor parte de las canciones y su histórico compinche Tweety González a quien llamó para tocar los teclados en el sexto track del álbum. Además, contactó a Fernando Nalé para ocuparse de las cuatro cuerdas; a Martín Carrizo (ex baterista de A.N.I.M.A.L.), quien en una fiesta le pidió que lo probara y lo tuviera en cuenta para un próximo disco; a un joven Leo García, que también usó el sampler en diversas canciones y fue su apoyo vocal. También Alejandro Terán fue una gran ayuda para hacer arreglos sinfónicos en “Verbo carne”, una de las joyas del disco, la única que no fue grabada en su estudio hogareño.

La mayoría de las canciones que conformaron la placa resultaron de un trabajo realizado con sampleos -recortes- que él mismo hacía en su estudio propio, bautizado como Casa Submarina, ubicado en su hogar de Vicente López. Allí se encerraba durante horas y surgieron infinidad de melodías que representaron la fase embrionaria de lo que vendría después. A lo largo del álbum, se puede apreciar una estructura con capas que le dio un aire cinematográfico, de banda sonora. Construyó un verdadero montaje con sonidos que no sólo se concentraron en la música electrónica, la guitarra también estuvo presente porque no se trataba de crear un disco exclusivamente del género que lo obsesionaba, hasta hubo lugar para un arreglo orquestal, que era algo que el ex Soda quiso hacer en su debut, pero desistió. Si bien no existió un concepto preestablecido en el momento de construir el LP, primó el descubrimiento de ideas que guiaban cada parte.

Una verdadera explosión creativa fue la que llevó a Gustavo a componer las quince pistas que fueron agrupadas en un registro que finalmente fue bautizado como Bocanada, en tan sólo cuatro meses. “Tiene discos dentro del disco”, sostenía el músico en una entrevista televisiva en el programa “Volver Rock” cuando presentó oficialmente su trabajo y esa característica se puede apreciar a medida que se escuchan los temas. 

“Tabú”, “Engaña” y la que dio nombre al álbum, fueron las primeras composiciones (hechas secuencialmente), son claros ejemplos de un intenso trabajo en las que se pueden apreciar samples de “Waltz For Lumba” de The Spencer Davis Group, “Circle of Love” de Steve Miller Band y “Eruption” del grupo progresivo Focus. “Hice lo que se me daba la gana”, declaró en otra entrevista recopilada por Maitena Aboitiz.

Una recorrida por alguno de los tracks que conforman este trabajo dan cuenta de los diversos paisajes sonoros, situaciones y discursos presentes en el universo de Cerati que creó en aquella época. “Tabú”, según el propio Gustavo, condensó la situación que atravesó a partir del divorcio de su anterior agrupación y la transición hacia la nueva etapa. “Engaña”, habla sobre las relaciones fallidas; mientras que “Bocanada” versa sobre “dos personas que no tienen nada para decirse”, y amplió en otra entrevista televisiva “es uno de los temas más diferentes a cualquier cosa que haya hecho antes”.

“Puente” recupera un tinte que remite a la sonoridad de Soda con un aire de grandeza, pensada justamente para tocar con un grupo. Una multiplicidad de significados, que vinculan la lírica con el amor, la conexión con el público y el porvenir. La frase, “Gracias por venir”, según el propio Gustavo, funcionaba como la neutralización del “Gracias totales”. La canción, el gran hit que dejó el álbum,  tuvo un video dirigido por Andrés Fogwill, donde el guitarrista circulaba en un helicóptero que recorría la ciudad, que esta vez no era la de la furia.



“Río Babel” posee una rítmica que se acerca al funk sobre una letra que cuenta acerca de los descubrimientos inesperados. El título tuvo su origen en una canción de Benito Cerati, quien con apenas cinco años ya tenía un disco grabado en el estudio de su padre, toda una sensación intrafamiliar. La inspiración que su propia descendencia le dio volvería a repetirse años más tarde.

Fue como subir al Aconcagua”, resaltaba entusiasmado sobre “Verbo carne”, una gema originalmente creada con un teclado, que fue traducida a una orquesta por Alejandro Terán. Un fin épico, como supo hacer Gustavo en otras oportunidades. La canción necesitaba medio centenar de músicos y así sucedió cuando fueron a grabarla al mítico estudio Abbey Road, en Londres. En el Estudio 1, preparado para una orquesta, fue donde cobró vida la canción mientras el ex Soda se sentía como un turista y se presentó recién dos horas más tarde a los músicos. “Creo que fue uno de los momentos más altos que viví como cantante”.

“Raíz”, tiene reminiscencias a “Cuando pase el temblor” que conjuga una histórica fascinación por la música del altiplano, reforzada con samples de “Del aire al aire”, original del grupo chileno Los Jaivas. Un sonido latinoamericano con una fuerte impronta espiritual, “es un tema que habla de la libertad”. Fue elegido el primer corte de difusión.

“Y si el humo está en foco”, una de las pistas más electrónicas del álbum, fue creada en su totalidad en la computadora. “Hice foco en el humo, no importa otra cosa”, mencionaba al diario La Nación cuando reseñó él mismo su creación. Esa impronta también se repite en las dos partes de “Aquí y ahora”, que fue dividida a propósito debido a la idea de que la placa tuviese una quincena de canciones.

El rock tuvo su mayor presencia en “Paseo inmoral”, un tema que fue pensado para Soda Stereo originalmente pero recién funcionó en aquella época, con el aporte lírico de Francisco Bochatón. También tuvo su videoclip que se originó en la gira de presentación, cuando se encontraban en Panamá, uno de los tantos países a los que llevó el disco y en el que se puede ver uno de los personajes que Gustavo solía encarnar en las noches de la gira.




Una bocanada de aire

Cerati se embarcó en una gira a escala continental, similar a las que hacía con Soda, y brindó un total de 46 shows. Quiso empezar por el Teatro Gran Rex, pero por cuestiones de agenda de ese establecimiento, recién cuatro meses más tarde pudo presentarse allí -en octubre de 1999-, después de haber pasado por México y Chile. Además, visitó El Salvador, Panamá, Venezuela, Estados Unidos, Puerto Rico, Colombia, Ecuador y Costa Rica. Un tour monumental que abarcó todo el año 2000 hasta el verano de 2001, cuando realizó diversas fechas en el interior de nuestro país.

El inicio del recorrido fue la prueba de fuego en el regreso a los grandes escenarios. La primera fecha que brindó en la capital mexicana fue una suerte de catarsis, mientras que la segunda, salió con una mayor convicción de que ése era el camino a seguir. Cuando finalmente presentó el trabajo en Buenos Aires, seis fechas en el famoso teatro de la avenida Corrientes fueron la confirmación de lo que produjo ese reencuentro con el público. Hubo quienes desearon más temas de Soda, dado que en esos conciertos interpretó únicamente “Zona de promesas”, “Sweet sahumerio” y una versión más lenta de “Hombre al agua”.  “Para eso están los discos”, comentó luego de que le pidieran más temas del trío, confirmando el rumbo de la nueva etapa. 

Yo me aprovecho de la popularidad que tengo para proponer ideas”, reflexionaba por entonces Gustavo Cerati, y esa idea fue la que imprimió no sólo en Bocanada, sino cuando fue el turno de mostrarlo en vivo a una parte del público que todavía pedía temas de su ex banda. Un trabajo que, a 20 años de su lanzamiento, tiene un sonido tan novedoso que trasciende el tiempo. No importa cuándo se escuche el disco, siempre sonará como recién salido del estudio. y con el transcurrir de los años cada vez se aprecia mejor una obra fundamental de la discografía del rock en Argentina y Latinoamérica.

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